viernes, 24 de julio de 2015

Un clásico siempre vigente


Un clásico de todas las elecciones vuelve también en esta. Hoy, el principal título de La Nación es este:


El frente Cambiemos, que integran Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió, pidió ayer a la Justicia que autorice a esa alianza a mudar fiscales desde la Capital y las provincias al siempre caliente y complicado conurbano.

Los dirigentes de la Alianza ( la Alianza????) están preocupados por el robo de boletas, como esta mañana lo reconoció el propio Macri, cuando dijo que "habrá gente organizada que usará tácticas fraudulentas para obtener ventaja".

No podía faltar acompañando el pedido un comentario como el del jefe de un partido con escaso y en algunos casos nulo desarrollo territorial en la PBA. Pero al margen de esto ambas cosas obviamente revelan la falta de militancia comprometida en la vigilancia de los comicios en la provincia y en especial en el populoso Conurbano. La idea es trasladar militantes desde la Capital hacia el Conurbano pero se les hace imprescindible la autorización de la Justicia ya que la legislación electoral prohibe la fiscalización con gente de otro distrito electoral.

Pero, leyendo LPO nos enteramos que al problema que mencionamos más arriba se le suma  esta realidad política::


“No va a laburar nadie. Sólo tenemos un candidato a concejal en San Miguel a salir y en el resto vamos a ser testigos de lo que pase. Si nos hubieran abierto alguna lista al menos los ayudábamos con la logística”, confesó a LPO una de las autoridades del partido en la provincia. 

La fiscalización del conurbano, con casi 8 millones de votos, quedó a cargo del PRO y tiene dos vertientes: los punteros que pudo reclutar Emilio Monzó y los voluntarios, reclutados vía Facebook. 

En el interior de la PBA, los amarillos que manejaron el cierre de las listas fueron más generosos con los boinas blancas y allí si el centenario partido va a trabajar en los comicios cuidando sus porotos.

Respecto del tema "voluntarios de Facebook" una fuente del PRO nos decía que en general es gente que no tiene experiencia en fiscalizar y que en realidad la mayoría se acerca esperando además del viático otra cosa: "Nueve de cada diez que vienen nos pide laburo para él o un pariente y no es raro que te planteen cosas como "puedo ir de 9 a 11?"  No sería raro tampoco de que nos infiltren la fiscalización por parte del oficialismo anotando su gente por Facebook". No parece entonces que le vayan a poner mucha garra al asunto ni tampoco que confíen mucho en ellos.

En el FpV ya nos hemos ocupado en otras entradas acerca de la denuncia de Anibal Fernandez respecto de una eventual maniobra de sus competidores en la interna para que falten sus boletas en los comicios, denuncia que, más allá de las posteriores aclaraciones de Anibal, al provenir del oficialismo le da pie a la oposición para que vuelva como siempre con este tema. 

Tampoco, aunque no se lo van a decir a los medios, la desconfianza de los opositores alcanza solo al oficialismo. El frente Cambiemos también celebra su interna el 9 de agosto y entre los socios también se desconfían  como Elisa Carrió que le fueron con el chisme de que en el PRO estaban bajando la orden de hacer desaparecer sus boletas de los cuartos oscuros. Esto puede ser verdad o no pero por las dudas Lilita  amenazó a Mauricio Macri con denunciarlo públicamente el día de los comicios si esto ocurre.

Hemos sido históricamente defensores de la boleta de papel, esa que despectivamente llaman sábana que permite tener registro de los votos además de ser un potente elemento de campaña que moviliza la militancia que la reparte, pero no podemos dejar de preguntarnos si no es hora de pensar en otro sistema que simpifique la logistica necesaria para enfrentar las elecciones. Voto electrónico por ejemplo con el que ya ha habido experiencias exitosas como en la Capital o en Salta.  El sistema no deja de tener sus inconvenientes y muchos dudan de su transparencia pero es algo que nos parece se debería discutir, claro no cuando tenemos los comicios a la vuelta de la esquina o en un año electoral.

Mientras tanto seguiremos leyendo titulares como esos.



jueves, 23 de julio de 2015

El Rulo y su boina blanca


La pesadilla continúa podría titularse este post porque Martín Lousteau ni lerdo ni perezoso luego de su notable performance en el balotaje porteño sale a hacer campaña por la lista de diputados nacionales de la UCR encabezada por un hombre de Ernesto Sanz, Mariano Genovesi y enfrenta a la de la alianza PRO-CC encabezada por la multipartidaria Patricia Bullrich dentro del frente Cambiemos. .

En este spot, el Rulo le pide a la Pato que sea coherente con un proyecto acerca de los debates de los candidatos que presentó y acepte discutir públicamente con Genovesi.




El tema parece tener su historia porque en las negociaciones del cierre de listas, el PRO le había ofrecido a la UCR tres diputados a salir a cambio de que bajase su lista y que Lousteau se bajase del balotaje en caso que Rodriguez Larreta lo aventajase por más de 10 puntos en la primera vuelta, oferta que fuera rechazada con los resultados que ya conocemos.

La carrera no va a ser fácil tampoco porque la Pato corre con el segmento de la boleta que lleva a Macri de candidato a presidente y Genovesi va con la de Sanz, pero esta presencia activa del candidato sorpresa en la CABA los debe tener preocupados a los amarillos acerca de como se repartirán las candidaturas en la boleta final de Cambiemos cuando se cuenten los porotos en las PASO según el sistema D'Hont si el Rulo arrastra buena parte de sus votantes en el balotaje hacia los candidatos a diputados radicales.

Cosas de las alianzas cruzadas.



miércoles, 22 de julio de 2015

Hoy el post lo hace Teodoro Boot: Guarda con la música





Guarda con la música

Teodoro Boot



Quien haya ido a una cancha de futbol o caminado por las inmediaciones cuando se juega alguno de los tantos clásicos barriales habrá notado que las multitudes no desafinan. Más allá del placer o disgusto que puedan provocar las letras o las melodías, diez o veinte o treinta mil personas cantando al unísono entonan como el mejor de los intérpretes. Es un fenómeno extraño y asombroso, toda vez que, por una simple razón estadística, es razonable suponer que la mayor parte de los integrantes de esa multitud, tomados individualmente, suenan menos parecido a Alberto Castillo que a chanchos degollados para fabricar morcilla.


Habrá quien pueda explicar este fenómeno que aquí nos limitamos a destacar con el solo fin de establecer algunas caprichosas asociaciones y señalar que las multitudes y/o las masas, si se quiere, constituyen un sujeto diferente a la suma de cada uno de sus integrantes.


Uno

El balotaje que el domingo 19 tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires fue una de esas oportunidades en que una multitud se comporta como un sujeto y no como una suma de partes. Independientemente de las directivas o falta de ellas, y análisis, especulaciones, estrategias y señalamientos de sus dirigentes e integrantes más vocingleros, la masa de votantes porteños del Frente para la Victoria actuó, en un momento determinado –que no fue cualquier momento sino el de la decisión–, con un grado de unidad y unanimidad que hubiera desmayado de placer al mismísimo Napoleón Bonaparte o a cualquiera de los maestros de la economía de fuerzas.

Desde luego, el fenómeno permite los más variados análisis y especulaciones y habrá quien busque –y tal vez hasta consiga, que todo es posible en estos mundos– interpretar el propósito de esa decisión popular. No vamos a ser –al menos en esta oportunidad– tan presuntuosos de pretender desentrañar los designios de esa masa de votantes y nos conformaremos con entrever algunas causas y, de ser posible, extraer alguna que otra enseñanza.


Dos

Es bueno recordar, ante todo, que fuera de Aníbal Ibarra, ningún otro dirigente destacado del FPV (por un elemental sentido del ridículo nos rehusamos a incluir a Leandro Santoro en la categoría “dirigente destacado”) propuso votar a Martín Lousteau, ni confesó que iría a hacerlo. Y Aníbal Ibarra está muy lejos de representar algo parecido a una “línea oficial” o significativa dentro del FPV.


Más allá de que la postura oficial u orgánica del FPV fuera la razonable, la única posible y sensata en ese momento (dejar en libertad de acción al electorado), la mayor parte de sus dirigentes y referentes parecían compartir la disparatada idea de algunos periodistas de que Horacio Rodríguez Larreta y Martín Lousteu son lo mismo y de que, en consecuencia, lo único razonable era votar en blanco (lo que en un balotaje tiene los mismos resultados prácticos que poner en una urna porteña la boleta de Hillary Clinton).

Ya que estamos y si de digresiones se trata, si aquí dijéramos que Jorge Altamira, Luis Zamora y Myriam Bregman son lo mismo, además de provocar las carcajadas de Altamira, Zamora y Bregman, lo único que estaríamos haciendo sería mostrar nuestra más profunda ignorancia en la materia, sumada al estilo de razonamiento ramplón de un barrabrava alcoholizado, sin la menor perspicacia, profundidad o sutileza.

Se puede decir y pensar que son lo mismo, comonó; cualquiera es dueño. Pero no se puede actuar en base a semejante premisa: el paradójico resultado de esa clase de simplificación es el de transformar la realidad en un magma amorfo y tan indeferenciado que vuelve imposible establecer con ella cualquier clase de vínculo.

Así como hubo una gran cantidad de propaladores del votoblanquismo, es justo reconocer que abundaron en el FPV los lenguaraces que impulsaron el voto a Lousteau o cuestionaron la idea de hacerlo en blanco. No se trató de lenguaraces destacados sino más bien de irresponsables sin prestigio ni empleos ni canonjías que arriesgar llevándole la contraria a la que parecía ser la línea oficial. Podría decirse que esa falta de calidad, calificación y rating de dichos lenguaraces fue compensada con su número, pero no vamos aquí a dejarnos arrastrar por la peregrina idea de creer que los micromundos y pequeños ambientes son o se parecen a la realidad ni, muchísimo menos, a confundir las redes sociales con la sociedad, por suerte mucho más vasta, compleja, rica, potente, sorprendente y contradictoria.

¿Hubo acaso una Radio Macuto trasmitiendo entre los votantes porteños del FPV una línea de acción contestataria, divergente de la que aparecía como “oficial”? Difícil creerlo: la masividad, oportunidad y unanimidad con que actuaron esos 350 mil votantes fueron excesivas para el alcance de cualquier directiva secreteada en los pasillos.


Tres

El fenómeno sorprendió a todos e hizo desbarrancar hasta a los encuestadores más avezados. Nadie podía imaginar ni calcular que la práctica totalidad de los votantes del FPV –más no pocos de las distintas variantes de la izquierda– irían a inclinarse en una sola dirección. Es dificil también conjeturar qué se propusieron –preguntados uno por uno, es muy probable que cosas diferentes–, pero, por lo pronto, podría decirse que se derrumbaron un par de mitos.

Uno de los que parecería desmentido es el de la segmentación generacional respecto al valor y uso del voto.

Existe la generalizada idea de que los treinteañeros y cuarentones que, tras la frustración provocada por el doble discurso alfonsinista, padecieron la debacle moral del menemismo y el colapso político, conceptual y psicológico de la Alianza, descreen del valor y utilidad del voto, que serían todos hijos del “Kilómetro 501”, estudiantina con que en su momento unos cuantos jóvenes repudiaron la obligatoriedad del voto. Ese supuesto pronunciamiento generacional, que se habría manifestado en el votoblanquismo o la abstención de los treinteañeros y cuarentones kirchneristas e izquierdistas, no se verificó en absoluto. Ni la abstención fue significativa ni, aunque se incrementaron respecto a la primera vuelta, lo fueron los votos en blanco. De compararse los resultados del balotaje con los de la elección, es posible observar que la izquierda, no obstante la indicación explícita de votar en blanco, no consiguió que siguieran sus directivas ni siquiera la mitad de sus votantes de la primera vuelta.

Si consideramos que 350 mil personas que en un momento y un lugar determinados toman, por su cuenta, la misma decisión, son algo más que 350 mil individuos y deberían ser considerados multitud, pueblo, o esa deficiente traducción del “people” inglés: “gente”, podría afirmarse que, contrariamente a la impresión que producen encuestas y artículos y programas periodísticos, el pueblo argentino, al menos una porción muy significativa del pueblo argentino, tiene consciencia de la importancia de su voto. Y lo hace valer, además, con un singular instinto de poder: si no puedo o no alcancé a elegir, puedo dañar y si puedo dañar, acaso hasta sea capaz de producir una decisión que, si no me beneficia, al menos no me perjudique tanto.

Hubo también pequeños fenómenos notables, pero por lo absurdos. Por ejemplo, es significativa la cantidad de votantes del FPV ligados al “mundo de la cultura” que parecen haberse inclinado por el voto en blanco, siendo que, si hay un área en que el Pro y Eco no son precisamente lo mismo, esa sería la cultural.

El pueblo, al menos esa porción del pueblo que en primera vuelta se había inclinado por el FPV, mostró en el balotaje un instinto de poder y una fineza de razonamiento que deberían emular muchos dirigentes e intelectuales. Ocurre que el pueblo fue consciente de qué estaba en disputa: su pequeña vida cotidiana y no los destinos de la unión sudamericana o la especie humana. Se elegía un intendente municipal (lo que en su proverbial petulancia los porteños llaman jefe de gobierno, no es más que las personas normales conocen como intendente municipal), no la política frente a los fondos buitre. ¿Qué importancia podía tener lo que Martín Lousteau (que, dicho sea de paso y como para que no se olvide, fue ministro de Economía del gobierno de Cristina Kirchner) opinara sobre la economía nacional? Si de lo que se trataba era de decidir si se sigue o no aumentando a lo pavote el ABL, si los subterráneos van a seguir igual de desastrosos, si se continúa castigando a los transeúntes y automovilistas con ordenanzas de tránsito descabelladas y semáforos que no se coordinan, se financia a los amigotes con obras públicas inútiles, se destruye el sistema educativo, bajando el nivel de la enseñanza, desfinanciando la educación pública para financiar la privada, y etcétera, etcétera, y muchos más etcéteras. Porque de eso, nada más y nada menos que de eso, se trató este balotaje. De lo demás, porteños y no porteños, nos ocuparemos en otras instancias electorales, recién a partir del 9 de agosto.


Cuatro

Los –por llamarlos de alguna manera–, estrategas del FPV deberían abandonar la idea de la polarización, que se basa en la creencia de que la derecha dura es incapaz de superar el 30 por ciento del electorado. Se trata de una premisa falsa, según el Pro ya ha conseguido demostrarlo reiteradas veces en la ciudad de Buenos Aires, y anteriormente lo demostró a nivel nacional Carlos Menem: el diferente potencial de estas dos versiones del neoconservadurismo obedece, básicamente, a la diferente catadura, origen, ductilidad, carisma y simpatía personal de sus máximos referentes, pero la composición social y cultural de sus bases políticas es muy similar.

Circula en estos días la asombrosa idea de que Martín Lousteau triunfó en la mayoría de las comunas del centro y sur de la ciudad. Esto, directamente, no es verdad. Si bien es cierto que con un número un poquito mayor de votos se hubiera quedado con el gobierno de la ciudad –y unas cuantas cosas cambiarían en la vida cotidiana de los vecinos, por no mencionar la incluencia de tal acontecimiento en las perspectivas políticas futuras de algunos protagonistas– , la alianza Eco no ganó nada, en ninguna parte. En las comunas, en todas las comunas de la ciudad, el Pro se impuso con comodidad, lo que puede advertirse sencillamente contando la cantidad de comuneros y legisladores que consiguió cada una de las distintas fuerzas políticas. Recién en el balotaje Eco se impuso en muchas barriadas en las que más de la mitad de los votantes prefirieron a Lousteau por sobre Rodríguez Larreta, pero aun en esos sitios el Pro sigue siendo una cómoda mayoría o, para decirlo con exactitud, una amplia primera minoría.

Tenemos así que esa derecha ha conseguido atravesar, y en forma bastante holgada, ese supuesto techo, a lo que convendría añadir que un movimiento popular que aspira a la liberación nacional y la justicia social debe construir mayorías, pues tratándose de un movimiento popular desarmado sólo puede aspirar al poder a través de la construcción de mayorías electorales y puede ejercerlo por medio de mayorías políticas y sociales, que no excluyen la batalla cultural y la creación de hegemonía, pero la exceden ampliamente y obligan a un cuidado y una acción cotidianas.

La polarización no podría ser entonces un objetivo y una estrategia populares, sino una limitación, un revés, un arma de doble filo y, al cabo, un boomerang político toda vez que, no siendo factible aislar al pueblo, el propósito e instrumento de las oligarquías es dividirlo por medio de antinomias y polarizaciones. Por el contrario, aislar a las minorías no sólo es factible, sino aconsejable, y eso no se consigue mediante la polarización sino diferenciando, aislando y obrando por líneas interiores.

Encontrar el modo, las políticas, los dirigentes y los candidatos idóneos para conseguirlo, es otro cantar, pero ante la incapacidad de apreciar y transformar la realidad, es un pobre recurso y un magro consuelo descalificarla.

Cinco

La mentalidad simplista, ramplona, sectaria y descalificadora que prevalece en los círculos más influyentes del FPV ha descartado, desde el vamos, cualquier pelea seria por las mentes y el corazón de las mayorías porteñas, se ha equivocado y se sigue equivocando en las instancias electorales (conformándose con la idea de ser una “minoría intensa”, lo cual puede ser bueno para cualquiera, menos para aquellos que supuestamente pretenden una revolución que requiere de las mayorías) y acomodándose a una a veces explícita y otras implícita asociación legislativa con el Pro, espacio político que no sólo cuenta con el blindaje de los grandes medios de comunicación sino con el que le brinda el silencio y la pasividad -cuando no la complicidad- del FPV.

El grado de enajenación de los dirigentes porteños del FPV, su desconexión con la realidad que supuestamente deben transformar, ha superado en este balotaje los límites que imponen la razón, la cordura y la más elemental inteligencia. En esta oportunidad no se han limitado a mostrar lo de siempre, su completa ajenidad respecto a la población porteña, sino que, superándose a sí mismos, llegaron a revelar que ni siquiera comprenden ni interpretan a sus propios votantes. Absortos en sí mismos y sus pequeños mundos, los candidatos del FPV revelan que han votado en blanco al tiempo que manifiestan que la masa de seguidores del FPV votó, unánimemente, “para castigar al PRO”. No sólo no entendieron que sus seguidores, esos que efectivamente representan y pretenden conducir, deseaban castigar al Pro, lesionar las posibilidades presidenciales de Macri y mejorar su vida cotidiana en una ciudad que cada día se asemeja más a un infierno diseñado por los bichitos malvados del film Marte ataca, sino que han seguido una dirección opuesta. No sólo no interpretaron los deseos de sus propios votantes sino que–y a confesión de parte, relevo de pruebas– al votar en blanco se han negado a castigar al Pro, lesionar las chances electorales de Macri o a mejorar un poco la vida cotidiana de quienes viven, trabajan o transitan la ciudad de Buenos Aires.

Menudos directores que se plantan ante la orquesta, despliegan en el atril la partitura de un vals, alzan la batuta, dar tres golpecitos y, sin decir agua va ni prestarles la menor atención, los músicos se despachan con una chacarera.











lunes, 20 de julio de 2015

Recalculando en tiempo de descuento




El resultado dice que el PRO retuvo su bastión más allá de la mínima diferencia en el balotaje porteño contra su alter ego republicano y gobernará el distrito por cuatro años más con el Guasón Rodriguez Larreta tomando la posta que deja Mauricio Macri luego de ocho años de hegemonía absoluta. Pero todo resultado, más allá de la chapa final se analiza en base a las expectativas previas y estas no han sido colmadas sino todo lo contrario. La que iba a ser la frutilla del postre en el eventual camino a una victoria nacional macrista se inscribe en la tendencia que iniciaron Santa Fe y Córdoba con una pobre performance amarilla y que no vinieron a preanunciar un triunfo nacional sino todo lo contrario.

No todo tampoco es atribuible a los errores propios de una fuerza que creyó que este era su turno y en su soberbia vino trabajando su propio fracaso sino también a una inteligente campaña por parte de ECO que encontró en Martín Lousteau un magnífico candidato para un distrito complejo que viene gobernado por una fuerza que parecía tener incorporado en su ADN el sentir político porteño.

Un frente armado medio a las apuradas con los restos de lo que fuera el FAUNEN y alentado por el PRO como una "segunda marca" conformada por buena parte de sus socios nacionales. Nada nuevo en la política. En otros distritos oficialismos hegemónicos alientan la conformación de una segunda fuerza que recoge los votos que nunca irían a la primera y les permite gobernar sin sobresaltos controlando la primera y la segunda minoría parlamentaria. Claro que en este caso este frente se basa en fuerzas políticas que representan la tradición más arraigada en el puerto: el voto republicano que ha gobernado por varios períodos la ciudad y eran los naturales beneficiarios del Pacto de Olivos que les entregaba el distrito en bandeja.  Un dilema se presenta entonces para sus jefes que son también gestores del Cambiemos que encabeza Mauricio Macri.  Nada ayudaría más a la consolidación en el distrito y la de su estrella naciente Martín Lousteau que una derrota de su abanderado nacional.  Que hará Lousteau ante el próximo turno electoral nacional es la incógnita que deberá despejarse pronto. Las alianzas cruzadas tienen estas cosas.

Y como dice la imagen que ilustra este post, Macri comienza a recalcular su posición de cara a las PASO del 9 de agosto con un discurso a contramano de su posicionamiento de ocho años.  Algo increíble e indigerible por su electorado histórico y rápidamente explotado anoche por Daniel Scioli en un memorable reportaje de Roberto Navarro en C5N que se podría resumir en:  "el original soy yo y Macri es una mala y tardía copia"

 Queda para el análisis y un debate profundo cual será el rol que jugará en el distrito el FpV ante este nuevo escenario que lo excluyó de la pelea final y abre una incógnita a futuro, relegándolo a debatir entre sus militantes acerca de como actuar frente a las urnas y que, peronistas al fin y al cabo terminaron jugando allí en donde se disputa el poder, como su genética manda.


miércoles, 15 de julio de 2015

El tweet del día: Fernando Espinoza y la anticampaña




Con sorpresa vemos que el candidato a vicegobernador de Julián Dominguez, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza twittea explícitamente lo que venían operando mediante encuestas dibujadas para revertir los números adversos de su binomio: que en el caso de ganar Anibal Fernandez las PASO PBA  eso arrastraría hacia abajo el tramo presidencial de la boleta.

Parece, con semejante mensaje que la cosa es tal que se dejan las sutilezas completamente de lado y el matancero sale a complicar directamente a Daniel Scioli en su propio problema diciendo que un triunfo del quilmeño traería una derrota presidencial, algo que no podemos entender de un político profesional en campaña por más perdido que se sienta.

Anticampaña, incalificable desde todo punto de vista. 


ACTUALIZACION: Fernando la arregla así:




Genios de la campaña.




jueves, 9 de julio de 2015

Hoy el post lo hace Teodoro Boot: Balotaje y voto en blanco



Balotaje y voto en blanco


Teodoro Boot


Para ahorrar el tiempo de ciertos lectores urgidos de discernir y clasificar cuanto antes las intenciones del autor, empecemos por un par de las posibles conclusiones de esta nota: votar en blanco en un balotaje es una de las propuestas más bobas que a una fuerza política se le pueden ocurrir y una de las reacciones más estériles y presuntuosas de cualquier votante.

Bien. Ahora que somos menos, avancemos de a poco.


Una tradición nacional

La abstención y el votoblanquismo forman parte de la tradición política argentina, pero no siempre un mismo instrumento tiene efectos políticos similares.

La abstención electoral yrigoyenista de tiempos anteriores a la ley Senz Peña, siempre acompañada de acciones revolucionarias, puebladas, insurrecciones y conjuras militares, tiene poca o ninguna relación con la abstención electoral impulsada por Alvear durante la primera mitad de la Década Infame. En el primer caso, era parte de la protesta radical contra el fraude institucionalizado. En el segundo, la coartada necesaria de la oligarquía para la instauración del “fraude patriótico”.

El peronismo hizo uso frecuente del voto en blanco durante los largos 18 años en que estuvo impedido de participar de los actos electorales. Se trató, en general, de un voto en blanco orgánico, parte de una protesta contra la proscripción que incluía sabotajes, acciones armadas, huelgas, tomas de fábrica, conspiraciones militares y asonadas guerrilleras.

El votoblanquismo peronista contó con gran legitimidad popular pues eran vastos los sectores del pueblo impedidos de expresarse electoralmente en libertad, pero su efectividad fue relativa: si bien por su masividad el voto en blanco no permitió la consolidación de otra fuerza política mayoritaria a expensas del peronismo, tampoco impidió la instauración gobiernos con aura de democráticos y la prolongación durante 17 años del régimen instaurado por la Revolución Libertadora.

Más o menos efectivo, la importancia del votoblanquismo peronista radicó tanto en su masividad como en su permanente vinculación con acciones revolucionarias. El mensaje era claro: no habría posibilidad de sistema político estable y duradero si se insistía en excluir y prohibir la participación electoral del partido político mayoritario.


El balotaje

El balotaje carece de cualquier clase de vínculo con el fraude o la proscripción. Consiste en una votación en segunda instancia entre las dos fuerzas más votadas de una elección, si acaso ninguna de ellas hubiera arribado al 50% de los votos válidos emitidos. Su propósito sería impedir que alguien acceda al gobierno sin contar con el apoyo explícito de, por lo menos, el 50% de los votos válidos emitidos en esa segunda instancia.

El argumento: otorgar mayor legitimidad al nuevo gobierno, lo que en un régimen de representación proporcional carece de lógica y sentido. La legitimidad y capacidad de gobernar de un partido están íntimamente relacionadas con el número de legisladores con que cuenta en la(s) cámara(s). Pero como los legisladores son electos tras la primera ronda electoral y el resultado del balotaje no otorga al triunfador ningún plus de legisladores, en realidad, el balotaje no otorga ni más poder ni mayor legitimidad.

La razón de fondo del sistema de balotaje es dar a un conjunto de partidos y ciudadanos la posibilidad de coaligarse contra quien haya obtenido mayor número de votos. Este fue el propósito casi explícito del sistema electoral ideado por Arturo Mor Roig en 1972 e implementado por la dictadura de Agustín Lanusse para las elecciones de 1973. Ese también fue el propósito del sistema de balotaje uruguayo gracias al que, al menos en 1999, blancos y colorados pudieron impedir el acceso al gobierno del Frente Amplio, triunfante en la primera vuelta electoral.

Tal el sistema por el que, con argumentos y generalizaciones bastante pueriles, se inclinó la asamblea constituyente porteña en 1996.

En cambio, el sistema de balotaje que rige a nivel nacional no es más que otro de los muchos remiendos y engendros irracionales surgidos de las negociaciones del Pacto de Olivos: un balotaje que no parta del hecho de que ninguno de los dos primeros candidatos haya sacado el 50% de los votos es tan balotaje como el carril exclusivo para colectivos es un metrobus.
Pero así es la ley.


La papelera de reciclaje

En la ciudad de Buenos Aires rige un balotaje como dios manda: o un candidato obtiene el 50% de los votos o va a una segunda vuelta con el segundo. Ante esa instancia están ahora los porteños, con las cosabidas confusiones, petulancias y vanidades del caso.

Conviene aclarar que un balotaje no es una elección sino una opción, que es a lo que queda reducida cualquier elección entre sólo dos alternativas.

Conviene también aclarar que a ninguna fuerza política le fue impedida la participación electoral de manera que, en su momento, los ciudadanos pudieron inclinarse por aquellos que más se acercaran a sus preferencias o pretensiones. Quienes se sienten cercanos al nacionalsocialismo pudieron perfectamente votar al Führer Alejandro Biondini. Es verdad que muchos tal vez hubieran preferido hacerlo por el auténtico Führer, pero ya está visto que no se puede todo en la vida.

La cuestión es que, con sus carencias e insatisfacciones, las elecciones se realizaron y los ciudadanos pudieron votar sin impedimentos. Ahora llega la segunda instancia, cuando es necesario optar por uno de los dos candidatos más votados. De eso únicamente se trata: no hay terceras o cuartas alternativas, pues no puede haberlas: es un batolaje, no una elección.

Por lo que se ve, a no pocas personas y a algunas fuerzas políticas les resulta arduo entender esta diferencia. Mezclando peras con motores de combustión interna, creen ver coartada su libertad y ponen el grito en el cielo: “No pueden obligarme a optar entre dos tipos que no me gustan”.

Lamentamos informar que, justamente, de eso se trata y que, le guste o no, eso terminará haciendo todo votante, en forma consciente o inconsciente, ya que en el balotaje se computan únicamente los votos emitidos en forma positiva. El voto en blanco no es, no existe. Para decirlo en las truculentas palabras del teólogo existencial Jorge Rafael Videla, “No es, no está; está desaparecido”.

En rigor de verdad, la máquina de votación electrónica no debiera contemplar para el balotaje la posibilidad de voto en blanco o, en todo caso, tendría que llamar a esa casilla “papelera de reciclaje”, en razón de que esos votos ni siquiera se cuentan. Es como si en una votación tradicional, los votos en blanco fueran depositados no en una urna, sino en una máquina trituradora de papeles.

Así las cosas, por acción consciente, omisión o voto en blanco, el ciudadano no hace más que inclinarse por una de las dos opciones que surgieron del resultado electoral. En el caso puntual, sí o sí optará por Rodríguez Larreta o por Lousteau, así no concurra al comicio o vote en blanco. Su no voto o su voto en blanco beneficiará a quien cuente con mayores posibilidades de voto. Para el caso y hoy por hoy, Horacio Rodríguez Larreta.

Cualquiera está en su derecho a votar por Rodríguez Larreta, así como a hacerlo por Lousteau, pero sería bueno que se tratara de un acto consciente, que no crea estar haciendo una revolución cuando no hace más que votar al Pro.

El voto en blanco, instrumento electoral de protesta si los hay, ¿contra quién iría dirigido en este caso? ¿Contra quién protesta quien vota en blanco en un balotaje? ¿Contra sí mismo, por no haber obtenido en número suficiente de votos?

Al ser una protesta difusa y directamente surrealista, y al no computarse, al no formar parte del resultado más que indirectamente (reforzando las chances del más votado) el voto en blanco en un balotaje resulta una tontería política asombrosa y una demostración de presuntuosidad y arrogancia individuales dignas de más útiles causas y mejores empeños



martes, 7 de julio de 2015

El post hoy lo hace Teodoro Boot: Se igual



Se igual


Teodoro Boot

Las generalizaciones no suelen contribuir a una mejor comprensión de ningún fenómeno, de la naturaleza que sea. Cuando se aplican a la política, además de resultar muy tranquilizadoras puesto que nos inhiben del análisis y la diferenciación, son entre nosotros –y no sin generalizar–, calificadas de trotskismos.

El pobre Trotski no tiene nada que ver, pero a quienes se dicen sus seguidores les encanta la simplificación, que encubren con una hojarasca de palabras que, como la de ciertos textos de psicoanálisis, provocan la sensación de formar parte de alguna traducción defectuosa. En difícil, el generalizador no hace más que citar al filósofo Minguito Tinguitella: “Se igual”.

Así, Hitler, Stalin, Roosevelt, Churchill y Mussolini fueron lo mismo: líderes de potencias imperialistas; de igual manera que Cristina, Scioli, Macri, Carrió, Massa y Agostino Rocca, Roberto Lavagna, Melconián, Lousteau y Kicillof, quedan igualados en que proponen un devenir argentino dentro del sistema capitalista. Hecho tan notorio que no requiere demostración. También Barack Obama, Malcolm X, Nelson Mandela, Idi Amin Dadá y Pelé no son otra cosa que negros y Messi, Ruggeri, Sanfilipo y Bobby Charton, futbolistas. En consecuencia, son lo mismo.

Cualquier debate con Marcelo Ramal podría llegar a conclusiones semejantes. Bien por él, que para algo se dice trotskista.

Pero está ocurriendo algo muy extraño últimamente: a tono con los eslóganes de campaña instalados por la Presidenta de la Nación y por Mariano Recalde con la razonable intención de que la lista de candidatos del FPV de la ciudad de Buenos Aires pudiera alcanzar el balotaje, a todo el mundo se le dio por afirmar –¡y hasta creer!– que Martín Lousteau es lo mismo que Horacio Rodríguez Larreta. “Se igual”, dictaminan hasta ayer sesudos y serios analistas.

La generalización, el argumento simplificador, pueden valer como eslóganes de campaña electoral y aun así, hasta cierto punto, pues ¿hasta dónde es posible generalizar, simplificar o tergiversar sin ser a su vez, en algún momento, víctima de esa manipulación?

Por lo que se ve, escucha y lee, parecería que los límites son muy próximos y resulta muy fácil trasgredirlos. Vale decir, irse para el lado de los tomates. Sin embargo, analistas, periodistas, comunicadores y políticos afines al FPV insisten: Lousteau es lo mismo que Larreta.

“Comparten el mismo proyecto de país”, es el argumento de mayor peso. Es probable que sea así –aunque alguien debería explicar cómo quien comparte el mismo proyecto de país que Mauricio Macri pudo haberse desempeñado como ministro de Economía de un gobierno inspirado en un proyecto opuesto–, de la misma manera que Lavagna, Melconián y Aldo Ferrer quedan igualados por el hecho de que ninguno de ellos se propone acabar con el capitalismo. Y según se mire, este también es un argumento de peso.

Quedaría por ver, y por más que estemos hablando de la “cosmopolita” ciudad de Buenos Aires, cuál sería la íntima relación entre un proyecto de país y una administración municipal. Y aun de tratarse de algo de más importancia y densidad, como una provincia, es más que evidente que los alineamientos y problemáticas nacionales no se trasladan automáticamente a los ámbitos regionales o provinciales. Y viceversa. Para citar a otro filósofo: Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Hasta aquí estamos en el campo de la especulación, pero descuidada, insensiblemente, se ha ido derrapando hacia el campo de la falsedad: “Lousteau y Rodríguez Larreta adhieren a la candidatura de Macri”.

Eso no es verdad, lisa y llanamente. Independientemente de por qué candidato presidencial se incline Lousteau en forma individual, la alianza Eco está integrada por radicales nosiglistas y cívicos libertadores , que adhieren a la candidatura de Mauricio Macri, pero también por socialistas, radicales del GEN y lo poco que queda del Partido Socialista Auténtico, que apoyan a Margarita Stolbizer.

¿Qué tienen en común unos y otros? Fuera de que todos son mamíferos y argentinos, lo que tienen en común es que son opositores al FPV.

¿Qué clase de disparatado razonamiento es ese que me dice que todos los que no son yo, o están en mi contra, son iguales entre sí?

Para el vecino porteño –si acaso el vecino porteño pensara como vecino porteño y no como habitante de un planeta aparte–, en su papel de víctima de sus gobiernos municipales, tampoco resultan lo mismo el estilo de gobierno arrogante, menefreguista y hitleriano del PRO que las vacilaciones y contradicciones de radicales y socialistas, pero, fundamentalmente, el resultado de una compulsa entre el PRO y ECO no es indistinto para, por ejemplo, Rodríguez Larreta. Ni menos, muchísimo menos, para Mauricio Macri: en el muy improbable caso de que Losteau se impusiera en el balotaje, las chances presidenciales de Mauricio Macri quedarían seriamente dañadas. Razón de más para comprender hasta qué punto ambos candidatos no son lo mismo, más allá de lo que diga o haya dicho la señora presidenta en el transcurso de la campaña electoral de Mariano Recalde.

Se ve, además, que la señora presidenta no vive, transita y paga impuestos en la cada vez más invivible ciudad de Buenos Aires.

Ningún dirigente del FPV ni analista, comentarista o periodista, ha dicho jamás que Miguel Lifschitz, candidato de una alianza muy similar a Eco, fuera lo mismo que Miguel Del Sel. Tal vez por no caer en esa clase de simplificadoras generalizaciones, el FPV recupere gradualmente su caudal electoral en Santa Fe y, al mismo tiempo, no deje de caer en la ciudad de Buenos Aires.

Los dirigentes políticos santafesinos tratan de pensar en Santa Fe. Por esa tendencia a la generalización y más de doscientos años de centralismo, dirigentes pólíticos, periodistas y comentaristas porteños devienen en “nacionales”, olvidando la realidad concreta y específica en que les toca actuar.

Es que “se igual”.



viernes, 3 de julio de 2015

No rompas más





Es sabido que las internas peronistas en la PBA suelen ser bastante duras y allí suelen dejarse de lado las delicadezas, más aun cuando se percibe que enfrente no hay nada que pueda seriamente poner en peligro el triunfo en las urnas, o al menos eso es lo que se piensa. Una interna que tiene por protagonistas a los sobrevivientes de los sucesivos baños de humildad, planteada en el momento hoy ya superado pero en su momento traumático abandono de Florencio Randazzo de la carrera presidencial, situación que obligó a que las candidaturas provinciales se resuelvan el 9 de agosto en las PASO y así evitar que aumente el número de heridos en el cierre. 

Muchos en el peronismo provincial, empezando por los intendentes no querían una interna que obliga a definirse en una pelea que excede los límites de su distrito y se mete adentro de los territorios. .  "Quien tracciona a quien" pasa a ser la pregunta y es mejor evitar el riesgo de equivocarse frente a quien ocupará el sillón de Dardo Rocha el próximo período. Pero así son las cosas

Desde entonces a la fecha la competencia entre las dos fórmulas dista bastante de ser la confrontación de ideas y propuestas, o de resaltar las virtudes propias sino que ha venido siendo una serie de agravios y descalificaciones que hablan más de quien las dice que de quien las recibe. 

Este es el turno de Verónica Magario, la diputada nacional matancera que fuera elegida por el compañero de fórmula de Julián Dominguez, el intendente de La Matanza, Fernando EspinozaVerónica la emprende en contra de la recurrente cita de su competidor Anibal Fernandez de las encuestas que lo dan aproximadamente 10 puntos arriba de la fórmula integrada por Espinoza.  Una forma poco ortodoxa de responder a los sondeos que generalmenre se contestan con otros más favorables. Enojarse es lo más parecido a convalidar los números adversos. 

Tomamos esta anécdota mínima para este post, podríamos haber elegido cualquier otra,  porque creemos que es posible otro tipo de debate en la única interna que importa de estas elecciones, más que eso, es imprescindible.  La pobreza que hemos venido presenciando hasta ahora no le suma a nadie.




Hoy el post lo hace Teodoro Boot: Traduttore, traditore



Traduttore, traditore

Teodoro Boot



El memorioso Carlos A. Catroppi en su epítome “Intérpretes y traductores” recuerda las peripecias de un capitán Vicente Copello, que supo vivir en Buenos Aires durante los agitados años de las invasiones inglesas.
Quiso la mala suerte que el infortunado Copello, voluntario de las milicias que defendieron la ciudad contra las tropas del brigadier William Carr Beresford, tuviera un aceptable dominio del idioma inglés.


Una invasión improvisada

Como es sabido, la improvisada expedición, fruto de las deudas y devaneos del almirante Home Pophan, carecía de intérpretes. No es un detalle menor. En la pequeña aldea, convertida en capital del Virreinato sin más méritos que el contrabando que minaba las economías regionales, Beresford gozaba de tantas oportunidades de comunicarse con el común de los lugareños como las que habría tenido en Bostwana.
La invasión, sin embargo, había sido iniciativa de un vecino bilingüe de Buenos Aires, el comerciante norteamericano Guillermo Pío White, quien enterado de la toma de la colonia holandesa de El Cabo por parte de la escuadra del almirante Home Pophan, escribió al marino ponderando las fantásticas riquezas de Buenos Aires así como las facilidades que presentaba para un audaz golpe de mano.

White y Pophan se habían conocido en tiempos en que el inglés estaba destinado en la India y, por esas cosas que tiene la vida de los grandes hombres, había contraído con White una considerable deuda de juego, que el comerciante creyó llegado el momento de cobrarse.

Basándose en los informes de White, Pophan dejó El Cabo, atravesó el Atlántico Sur y luego de una pequeña escaramuza, sus fuerzas de desembarco derrotaron a la simbólica guarnición militar española y a las bisoñas milicias de voluntarios.


Gramática parda

Tras la huida del virrey y el derrumbe de la defensa porteña, el 27 de junio se redactaron las condiciones de la rendición de la ciudad, observada en silencio por un numeroso grupo de prisioneros entre quienes se encontraba el improvisado capitán Vicente Copello.

Servil y lisonjero como todo buen criollo, a pedido de su coronel, Copello gestionó que, una vez diluida la efervescencia patriotera del primer momento, se permitiera a los doblegados defensores porteños conservar las armas luego de la rendición, puesto que al fin y al cabo eran de su propiedad. Capello mostró en el trámite tal dominio de la lengua inglesa que, de inmediato, Beresford le ordenó presentarse en el fuerte.
Copello no ofició de intérprete durante las prolongadas conversaciones que Beresford sostuvo con Juan Martín de Pueyrredón, pues estas tenidas eran en francés, o con el doctor Manuel Belgrano, que mostraba el suficiente dominio del inglés como para traducir el famoso discurso de despedida de George Washington. Pero todo indica que intervino como intérprete en el confuso episodio que desembocó en la rendición inglesa frente a las fuerzas de Liniers y que dio lugar a una enojosa situación.

El brigadier Beresford insistió, hasta el último instante de su vida, en que jamás había capitulado: “alguien” le había prometido que podría reembarcar libremente luego de hacer efectiva la entrega del fuerte. Los españoles, por su parte, sostuvieron que los británicos eran prisioneros de guerra. No fue sino tras largas discusiones y con la mediación del oficioso White, que pudo arribarse a un acuerdo propio de la gramática parda, tan consustancial al espíritu de la hispanidad: los ingleses podrían reembarcarse libremente, pero sólo cómo, cuándo y para dónde lo dispusiera Santiago de Liniers, quien de inmediato procedió a internar a Beresford en Luján. Ante la inminencia de una segunda invasión, el británico se fugaría ayudado por los hermanos Rodríguez Peña.

Ese “alguien” que precipitó la rendición inglesa tergiversando las palabras y ocultando las verdaderas intenciones de Liniers, no habría sido otro que el capitán Vicente Copello.

Sobrevenida la reconquista, la turba patriótica saqueó la casa de Copello, sospechado de connivencia con el enemigo. Al igual que White, fue metido en prisión, aunque éste por poco tiempo: miembro de la high society de Buenos Aires, el norteamericano había establecido sólidos lazos de amistad y comercio con Tomás O'Gorman, cuya esposa Ana Perichon, La Perichona, se haría pronto amante de Liniers.


Sexo y cohecho en el Fuerte

El capitán de fragata Santiago Liniers llevaba años sirviendo militarmente a la Corona de España. Relegado a puestos de segundo orden debido a su origen francés, no era tampoco un hombre de alcurnia, pero sí un marino con los blasones suficientes como para frecuentar los salones de ese embrión de oligarquía porteña. Acaso fue así que trabó relación con los O´Gorman, o tal vez lo hizo a través de su hija: poco tiempo antes, la joven María del Carmen Liniers y Sarratea había contraído enlace con Jean Baptiste Perichon, cuñado de Tomás O´Gorman y hermano de Anita, La Perichona, a quien poco después Liniers, ya viudo, medio caduco y embobado con su belleza y desparpajo, llamaría La Petaquita.

Como todo contrabandista, además de activo propulsor del libre comercio, O´Gorman tenía buenos contactos con los grupos independentistas y con los espías del estilo de Guillermo White o los agentes ingleses Manuel Aniceto Padilla y Saturnino y Nicolás Rodríguez Peña. Según la cotilla de las comadres de entonces, mientras O'Gorman había colaborado con la ocupación británica en el despacho de Beresford, Anita lo hacía, y con mayor fervor, en la alcoba del brigadier. El resultado de tanta cooperación fue que al momento de la reconquista de Buenos Aires por las fuerzas leales a la corona española, el matrimonio O'Gorman se vio obligado a fugar a Río Grande do Sul.

Regresaron a Buenos Aires recién cuando Liniers fue primero proclamado y luego designado virrey, transformándose así en el primer y único caso de un delegado real elegido por la decisión popular, hazaña democrática de la que el pueblo de Buenos Aires no dejaría de arrepentirse.

El gobierno del héroe de la Reconquista fue notorio por los casos de nepotismo, cohecho, peculado, y por su pública y escandalosa convivencia con Anita. Finalmente, en secreta misión diplomática o más probablemente para sacársela de encima y librarse de la maledicencia, Liniers la mandó a Río de Janeiro, donde la ya treinteañera Petaquita se convertiría en la querida predilecta de lord Strangford, ministro inglés ante la corte lusitana.


El retorno británico

En cuanto el año siguiente se tuvieron en Buenos Aires noticias de una segunda expedición inglesa, comandada por el general John Whitelocke, Guillermo Pío White huyó preventivamente a Montevideo ayudado por su amigo Liniers. Por su parte, Vicente Copello, incomprendido gestor de la Reconquista que había despistado a Beresford mediante una traducción engañosa , fue internado en Chile, donde permaneció prisionero.

Los intérpretes de Whitelocke, que había venido mejor preparado que su predecesor, fueron su ayudante, el capitán Wittingham y el propio White –incorporado a la expedición en Montevideo–, a quien se les sumó el entusiasta y desinhibido Padilla, redactor de The Southern Star o La Estrella del Sur, periódico bilingüe encargado de la propaganda.

Derrotado por el mismo Liniers, en su regreso a Inglaterra Whitelocke llevó consigo al intrigante y delicado Padilla, para protegerlo de las autoridades, amenizar la larga travesía o para lo que fuere. White, por su parte, consiguió que lo dejaran en libertad y continuó viviendo en Buenos Aires sin ser molestado, y hasta participó de la Revolución de Mayo. Su gran mérito fue presentar a las autoridades revolucionarias al marino irlandés Guillermo Brown. A su muerte, acaecida recién en 1842, su familia recibiría un importante subsidio del Estado.

Rodríguez Peña y Padilla recibieron de la Corona británica una pensión vitalicia de 1500 libras.
Juan Martín de Puerredón, Manuel Belgrano y Nicolás Rodríguez Peña son tenido como próceres. Calles, plazas y monumentos recuerdan sus nombres.

Vicente Copello, el artífice del engaño que hizo posible la derrota británica, corrió distinta suerte. Traído de regreso a Buenos Aires en 1808, le fue confiscado todo su patrimonio y condenado a diez años de prisión.
En 1812, al reconocerse su inocencia –aunque no sus méritos– fue puesto en libertad para esfumarse para siempre de la memoria de los hombres de bien.