jueves, 26 de mayo de 2016

Hoy el post lo hace Teodoro Boot: El Pro y “la batalla cultural”



El Pro y “la batalla cultural”

Un modo “cool” de iniciar una carrera hacia el próximo baño de sangre

Por Teodoro Boot

Martín Rodríguez ha hecho el esfuerzo de leer Cambiamos, diario de campaña (electoral, claro está) escrito por Hernán Iglesias Illa –funcionario o asesor en comunicación estratégica del Pro–, y de publicar en la revista Crisis el análisis y las impresiones que le suscitó su lectura. La feliz circunstancia nos libra a las gentes perezosas de la experiencia de sumergirnos en la inquietante mentalidad de, en palabras de Rodríguez, “la elite de ex jóvenes” que, nucleados alrededor de Marcos Peña y bajo la guía espiritual y estratégica de Jaime Durán Barba, consiguieron darle voz y cerebro al grupo político-empresarial que hoy nos gobierna.

Glosar la interesante nota de Rodríguez carece de sentido, pues es posible acceder a ella en http://revistacrisis.com.ar/notas/cambiaron, de manera que, dando por acertadas sus observaciones, trataremos de hacer una breve síntesis de las impresiones que, a su vez, nos suscitó su lectura. Sin embargo, parece inevitable reproducir este párrafo (en el que el subrayado corre por nuestra cuenta) quitándole sus líneas tal vez más jugosas, dicho esto para que el lector se remita al texto original:

“El libro es, también, un relato de venganza (...) la venganza de los nerds de la antipolítica contra los politizados pasados de rosca (dentro y fuera del PRO) (...) Illa escribe contra los politólogos y etnógrafos del peronismo bonaerense, contra los consumidores de House of Cards, contra los quintacolumna de la realpolitik, contra los radicales del ‘partido centenario’ que quieren escribirle ‘la plataforma a Cambiemos’ (...) contra los cicerones del clientelismo, contra los massistas que se hacían gárgaras de bala esperando el momento en que el PRO aceptara la inevitabilidad del acuerdo con Massa, contra los decanos de la Di Tella que les ‘dan línea’, contra los sensibles de la UCA que sobrevaloran los gestos del Papa, contra los progresistas que creían que gracias a Cristina y los peronismos provinciales tenían al electorado cautivo, contra esa fauna famélica de sentido que hizo de la política un manual de estilo: rosca, derpo, territorio, punteros, batalla cultural, y siguen las firmas.”

Es curioso, porque de la lectura de la reseña de Rodríguez lo que se desprende con claridad es que “esa elite de ex jóvenes” parece haber comprendido mejor que nadie qué significa eso de “batalla cultural”. Y, lo que resulta más significativo, haberla llevado a cabo. Porque así como del amor conviene no hablar sino hacerlo, a la batalla cultural no se la declama sino que se le libra. Y Rodríguez, o más bien Iglesias traducido por Rodríguez, justamente da cuenta del modo en que a través de la “elite de ex jóvenes”, ese sector social venció cómodamente la batalla cultural de la que en estos años tantos no se cansaron de hablar, de paso confundiendo a sus oyentes. Es de eso, de lo que se desprende de la nota de Rodríguez, de lo que trata la dichosa (por mentada) batalla cultural: de la simultánea construcción de un sistema de valores y de unsistema de prejuicios, de una forma de construir un pensamiento y las categorías que de él se derivan.

Todo lo demás es paisaje.

En ese sentido, vale la pena remitirse al original y, ya con mayor espíritu de sacrificio, al original del original.

De todos modos, durante la lectura de la reseña de Rodríguez quien escribe no podía dejar de pensar en que asistía a una suerte de remake de los Sushi Boys, de los Lopérfidos y Lombardis alegremente amuchados alrededor de Antonito De la Rúa y el banquero Fernando de Santibañes. Y cabe sospechar que terminarán de modo semejante, no por los méritos de un movimiento nacional vuelto, hoy más que nunca, ese gigante invertebrado y miope del que hablaba Cooke, sino por sus propias limitaciones. “El PRO te quiere dejar en paz –glosa Martín Rodríguez–, te saca lo más que puede el Estado de encima y entonces sólo tiene para ofrecer economía. En esa fortaleza anida su debilidad: ¿tendrá economía para todos?”, se pregunta finalmente.



Vías de escape

En el plano de los proyectos y modelos económicos en relación con la gente de pata al suelo, Argentina enfrenta dos dificultades insalvables, o al menos no resolubles librado el país a sus propios medios. Por un lado, no existe ninguna posibilidad de retornar al paraíso oligárquico, al país agrario, ya en crisis terminal al promediar la segunda década del siglo XX: hace ya demasiados años que la cantidad de habitantes superó, con creces, el número de personas que podrían, no ya prosperar, sino al menos medrar en una economía agraria. A ojo de buen cubero, sobrarían en la actualidad al menos unos 25 millones, a los que, por otra parte, no hay dónde poner ni a adónde mandar, a no ser que esos neointelectuales del macrismo estén pensando en alguna clase de “solución final”.

No es viable el país que esta “elite” quiere, o sin saberlo produce, a tanta distancia de Estados Unidos y Europa. Para los hundidos en la miseria de Centroamerica y México, Estados Unidos está a tiro de piedra y resulta tentador como alternativa al páramo en que se han vuelto sus hogares. Y para llegar a ese paraíso americano basta con un viaje en tren, en camión o hasta a pie. Lo mismo ocurre con turcos, sirios y hasta norafricanos y subsaharianos con Europa: el Mediterráneo es nada comparado con el Atlántico, mucho más de tener que cruzarlo en diagonal.

Los empobrecidos y marginados por el proyecto económico actualmente en ejecución en nuestro país, los que carecen de propiedad, título universitario, oficio calificado, no tienen dónde ir, ni encuentran forma de escapar. Por el contrario, ese páramo al que velozmente –demasiado velozmente– vuelven a ser “desterrados” es a la vez la “vía de escape” de los marginados de Bolivia, Paraguay, Perú y hasta Chile y Uruguay. En suma, existe alguna posibilidad de encontrar un destino fuera del país sólo para un pequeño porcentaje de las clases medias en proceso de empobrecimiento, proceso tan vertiginoso que se puede apreciar únicamente remitiéndonos a antecedentes históricos nada remotos.

El segundo de los problemas argentinos también se relaciona con la cantidad de habitantes: el número es demasiado exiguo para crear un mercado interno de suficiente envergadura como para llevar a cabo un proyecto industrializador. Es necesario entonces agrandar el mercado interno, lo que además de políticas redistributivas, requiere –dicho sea de paso, para ilustrar a tanto analfabeto funcional hijo de inmigrantes que chilla por la nueva inmigración– de la creación de un ambiente atractivo para atraer nuevos trabajadores y consumidores, pero fundamentalmente mediante la integración regional. Nuestro país, por sí solo, no puede desarrollar esa densidad nacional que insistentemente reclamaba Aldo Ferrer.

Este camino, el de la integración regional, que puede facilitarse por el idioma, la cultura y la historia comunes, pero que en realidad se explica por la necesidad de supervivencia y desarrollo de las sociedades sudamericanas, es el que primero intenta dinamitar el gobierno surgido de la “venganza de los nerds”, de la acción de esa “elite” intelectual del macrismo.

Estados Unidos, Europa, Israel, son destinos posibles para la clase media sobrante. Lo que cualquiera se pregunta es dónde piensan meter estos tipitos a los 25 millones de argentinos que quedan afuera de un modelo económico que, por su propia limitación estructural, está condenado al fracaso. Ni cómo planean sofocar la reacción de los expulsados.

En ausencia de conducciones y organización, tras un largo proceso de marginación, la reacción de las multitudes suele ser individual y delictiva, modalidad motivada, a partes iguales, por la necesidad y el resentimiento. De acuerdo a los ritmos actuales, cabe presumir que sea colectiva, pero desorganizada, punto en el que –como es prescriptivo– se hace necesario “volver” a Perón: “No se vence con la fuerza sino con inteligencia y organización”

La “operación kirchnerización”, el intento de separar o diferenciar un hipotético kirchnerismo de un frente nacional con eje en el peronismo (último refugio, identidad cultural básica del pueblo argentino) ha sido exitoso. ¿Y cómo no iba a serlo, si fue llevada a cabo tanto desde fuera como desde dentro del movimiento nacional?

La consecuencia de esta exitosa operación ha sido una mayor dispersión y desorganización en la que imperan la duda, la confusión, la envidia, la descalificación.

Entretanto, las elites económicas intentan expulsar de la sociedad la mayor cantidad de personas y a paso redoblado desmontan cuidadosamente el Mercosur, hacen acuerdos para la instalación de bases militares estadounidenses, entregan Malvinas y lo que pudiera tocarnos de la Antártida, suscribirán los acuerdos trasnacionales sobre patentes y firmarán el tratado transpacífico y cualquier pacto que asegure la indefensión de nuestra industria.

¿Cómo podrá salirse en el futuro de ese corset?



El oráculo de San Martín

Más allá de los vaticinios sobre el fin de la historia y la muerte de las ideologías, de la brutal campaña de desideologización, despolitización y transculturación a que es sometida la sociedad, como les sucede a las brujas, las constantes históricas podrán no existir, pero insisten en manifestarse y reencarnar en nuevas formas, desde los tiempos previos a nuestro primer intento autonómico y emancipatorio que en estos días algunos celebramos.

Viene a cuento, por su actualidad, recordar el frustrado retorno de José de San Martín, quien 6 de febrero de 1829 llegaba a las puertas de Buenos Aires a bordo del HMS Countess of Chichester, llamado por el gobernador Manuel Dorrego para ponerse al frente de la guerra contra el imperio del Brasil. Pero llegado el momento, el Libertador se negó a bajar a tierra.

En Buenos Aires, tras asesinar al gobernador Dorrego y luego de ser derrotado en la batalla de Puente de Márquez, Juan Lavalle se había atrincherado en la ribera del río Matanza, mientras Estanislao López, que lo había vencido, volvía apresuradamente a Santa Fe, temeroso de que desde Córdoba, José María Paz, que acababa de derrocar a Juan Bautista Bustos, invadiera su provincia. Lavalle quedaba frente a frente con Juan Manuel de Rosas, quien, dueño de la campaña y establecido en Cañuelas con sus Colorados del Monte, amenazaba a la ciudad sometida a las fuerzas unitarias.

Al momento del arribo de San Martín la ciudad estaba sumida en el terror y el desorden. El gobierno unitario había iniciado una brutal persecución contra los partidarios de Dorrego y proscribía a federales caracterizados. Anchorena, Terrero, Wright, Iriarte, Aguirre, Balcarce, Maza fueron arrestados y deportados. El mayor Mesa y otros oficiales que habían permanecido fieles al legítimo gobernador eran fusilados en la plaza Victoria.

San Martín se había enterado del golpe de Estado de Lavalle al pasar por Río de Janeiro, y fue en Montevideo donde recibió la noticia del fusilamiento de Dorrego. Conmovido, tomó la decisión de no desembarcar.

Seis días después de su arribo, en la tarde del 12 de febrero, el barco zarpó rumbo a Montevideo, donde el Libertador fue sorprendido por la llegada del coronel Eduardo Trolé y Juan Andrés Gelly, delegados del general Lavalle que venían con la propuesta de que aceptara hacerse cargo del gobierno de Buenos Aires, que tan temerariamente Lavalle había usurpado. San Martín se negó de plano, explicando que había rechazado un pedido similar formulado por los federales.

Más allá de las razones que dio a Lavalle y de sus desoídos consejos de pacificación y concordia, será a sus amigos Guido y O´Higgins a quienes dará las razones de su actitud: “Las agitaciones consecuentes a diecinueve años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido –escribió–, y más que todo la difícil posición en que se halla en el día Buenos Aires, hacen clamar al general de los hombres que ven sus fortunas al borde del precipicio y su futura suerte cubierta de una funesta incertidumbre, no por cambio en los principios que nos rigen, sino por un gobierno riguroso, en una palabra, militar, porque el que se ahoga no repara en lo que se agarra. Igualmente convienen y en esto ambos partidos, que para que el país pueda existir es de absoluta necesidad que uno de los dos desaparezca. Al efecto se trata de buscar un salvador que, reuniendo el prestigio de la victoria, la opinión del resto de las provincias, y más que todo un brazo vigoroso, salve a la patria de los males que la amenazan. La opinión, o mejor decir, la necesidad presenta este candidato: él es el general San Martín… Partiendo del principio de ser absolutamente necesario el que desaparezca uno de los dos partidos de unitarios o federales, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública, ¿será posible sea yo el escogido para ser verdugo de mis conciudadanos y cual otro Sila, cubra a mi patria de proscripciones? No, amigo mío, mil veces preferiré envolverme en los males que ser yo el ejecutor de tamaños horrores. Por otra parte, después del carácter sanguinario con que se han pronunciado los partidos contendientes ¿me sería permitido por el que quedase vencedor una clemencia que no sólo está en mis principios, sino que es del interés del país y de nuestra opinión con los gobiernos extranjeros, o me vería precisado a ser el agente de pasiones exaltadas que no consulten otro principio que el de la venganza? Mi amigo, es necesario que le hable la verdad: la situación de este país es tal, que al hombre que lo mande no le queda otra alternativa que la de someterse a una facción o dejar de ser hombre público. Este último partido es el que adopto…. Ud. conocerá que en el estado de exaltación a que han llegado las pasiones es absolutamente imposible reunir los partidos en cuestión, sin que quede otro arbitrio que el exterminio de uno de ellos…”.

Ocho meses después, un victorioso Juan Manuel de Rosas se hacía cargo del gobierno de la provincia. Aclamado por la inmensa mayoría de los bonaerenses y con el apoyo casi unánime de las provincias, lo hacía con el propósito de “restaurar las leyes”. Sin embargo, no pudo escapar al vaticinio de San Martín, quien con singular clarividencia había advertido lo que algunos tontos han dado en llamar “grieta” y que no es sino la existencia de dos proyectos de país: uno, que nunca puede terminar de realizarse, y el otro al que le basta con impedir esa realización.

En uno de esos dos momentos estamos ahora, como lo estuvimos siempre. No obstante, cada tanto aparece en este lugar del planeta alguna elite de ex jóvenes convencida de haberle inventado el agujero al mate o, acaso más temerariamente, aquel que, como Urquiza y Lonardi, bajo el lema “Ni vencedores ni vencidos”, nos precipite a un nuevo baño de sangre.

martes, 19 de abril de 2016

Los números de Ricardo



Nos llega la última encuesta del consultor Ricardo Rouvier acerca de la imagen presidencial y del gobierno de Cambiemos añadiendo ademas en la encuesta la imagen de Cristina y las expectativas acerca de la economía y el empleo . La compartimos.

Ficha Técnica:

Del 14 al 18 de abril de 2016 se realizaron 1200 encuestas en todo el país. Las entrevistas fueron telefónicas y se trabajó con una muestra representativa de la población, tomando en cuenta la distribución de los habitantes y la estructura social del área, considerando además las cuotas de edad y sexo del universo poblacional y la sección electoral a la que pertenecen. El nivel de confianza es de 95,5% y el margen de error es de +/- 2,8 para el total de casos.


IMAGEN DEL PRESIDENTE MACRI / IMAGEN DE CFK

EXPECTATIVAS ECONÓMICAS Y DE EMPLEO


· La imagen del Presidente Mauricio Macri registra un nuevo descenso en esta medición de abril, cayendo 7 puntos porcentuales en su evaluación positiva desde febrero a la fecha, y creciendo cerca de 8 puntos la negativa.


· Sin embargo, el neto de imagen (calificación positiva menos calificación negativa) arroja aún, un saldo positivo para el Presidente.


· Parte de esta caída se explica en las bajas expectativas que poseen los ciudadanos en relación a la evolución de la economía. El 41% considera que la situación empeorará durante los próximos meses, mientras que casi el 39%, por el contrario, cree que mejorará en el corto plazo.


· La percepción sobre el empleo es incluso peor que el de la evolución de la economía. En este caso la expectativa negativa supera ampliamente a la positiva. El 43% opina que el nivel de empleo empeorará en los próximos meses, y sólo el 27,7% tiene confianza en relación a una mejora en el sector.


· La imagen de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner baja levemente, pero en un marco general de estabilidad en los últimos meses, que la hace oscilar en una franja que va del 40% al 47%.


 















sábado, 20 de febrero de 2016

Hoy el post lo hace Teodoro Boot: El corazón de Perón


El corazón de Perón

I. El camino hacia el poder



El 21 de febrero de 1976 fallecía en Montevideo el coronel Domingo Alfredo Mercante, a quien Evita llamara “El Corazón de Perón”. El otro, el músculo cardíaco propiamente dicho del General, había dejado de latir menos de dos años antes, el 1 de julio de 1974. Fue entonces, en el Hall de Honor del Palacio del Congreso que tuvo lugar la despedida de esos dos viejos amigos devenidos en amargos desconocidos.

Se habían comenzado a tratar 40 años antes, durante un curso en la escuela de suboficiales en la que ambos eran profesores y desde su reencuentro en la Inspección de Tropas de Montaña que dirigía el general Farrell, fueron inseparables, hasta el distanciamiento que no pocos analistas posteriores considerarán uno de los dos hechos más trágicos de la historia del peronismo. Ambos participaron en la creación del GOU –Mercante con el número 1; Perón con el 19–, la logia militar que impulsará a Edelmiro J. Farrell a la presidencia y catapultará a Perón a los primeros planos de la política nacional.

Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, supo decir Arquímedes explicando la potencia y posibilidades de la palanca. Para Perón, esa palanca fue primero el GOU e, inmediatamente después, el anodino Departamento del Trabajo que convirtió en Secretaría de Trabajo y Previsión, donde fue secundado por Mercante desde la Dirección General de Trabajo y Acción Social. Esta, y la trayectoria sindical de su padre en el gremio ferroviario, serán a su vez las palancas de Mercante, quien laboriosamente tejerá la red de relaciones del grupo de coroneles revolucionarios con un sector muy significativo del movimiento obrero, encabezado por el dirigente mercantil socialista Ángel Borlenghi y el abogado de la Unión Ferroviaria Juan Atilio Bramuglia. Y, a despecho de uno de los más caros hitos de la mitología peronista, será justamente Mercante el verdadero promotor y articulador de la reacción obrera ante el encarcelamiento de ese arremetedor coronel, ya por entonces tenido por ser “el primer trabajador”.



Las condiciones de Perón


Es también Mercante el autor de la “salida política” que permite destrabar la situación, salvando así al gobierno de Farrell y, en consecuencia, la experiencia nacionalista y regeneradora iniciada por el ejército en 1943: liberación de Perón, seguida de su renuncia a todos los cargos, llamada a elecciones para febrero del año siguiente y candidatura de Perón a la presidencia. A cambio, Farrell se comprometía a sancionar las medidas centrales propuestas por el Consejo Nacional de Posguerra, que Perón había creado el año anterior, sin las cuales y llegado el caso, no estaba dispuesto a asumir la presidencia: estatización del Banco Central, nacionalización de los depósitos bancarios y creación del Instituto Argentino de Promoción e Intercambio, IAPI, que daba al Estado el monopolio del comercio exterior. Todas ellas, en efecto, sancionadas entre el 24 febrero (cuando contra todas los previsiones, Perón se impuso en las primeras elecciones limpias desde los tiempos Yrigoyen, hará en estos días nada menos que 70 años) y el 4 de junio de 1946, fecha fijada para la asunción del nuevo presidente.

Entretanto, tan sólo una semana después del 17 de octubre, los sindicalistas afines a Perón habían creado el Partido Laborista, que sería presidido por el telefónico Luis Gay, secundado por Cipriano Reyes y dirigentes de casi todos los gremios.

Los primeros crujidos se sintieron cuando Luis Gay, que había sido lanzado como candidato a senador por la capital, fue reemplazado por el marino conservador Alberto Teisaire, mientras Mercante, a quien Perón pretendía en la Secretaría General de la Presidencia, propuesto por los laboristas para la vicepresidencia, debía dejar lugar al radical Hortensio Quijano.

Los partidos que apoyaban al candidato a presidente eran tres: el Laborista (que finalmente le aportaría el 80% de los votos), la Junta Renovadora (una escisión del radicalismo) y el Partido Independiente, una fracción de los conservadores. Desde la Junta Nacional de Coordinación Política, Atilio Bramuglia cerró esa primera brecha provocada por las nominaciones de Teisaire y Quijano: los laboristas tendrían en 50% de los cargos electivos mientras el otro 50 % se repartiría, por mitades, entre ex radicales y conservadores.

Mientras Perón promovía para la gobernación bonaerense al radical renovador Alejandro Leloir, tras sucesivos regateos, los laboristas obtenían de Mercante la aceptación de la candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires.



Un gobernador que dejará huella

Sólo en forma relativamente reciente la gestión de Mercante al frente de la mayor de las provincias argentinas comenzó a ser estudiada y, en suma, revindicada, tanto en el aspecto político (con inusual capacidad fue deshaciéndose de los condicionamientos que le imponían los laboristas fortaleciendo el nuevo Partido Único de la Revolución Nacional, pronto denominado Peronista) como en la reorganización del Estado provincial, y una gestión de gran eficiencia, particularmente centrada en la reforma agraria –distribuyendo 130 mil hectáreas expropiadas a grandes terratenientes–, el desarrollo industrial, el crédito generoso, la creación de obra pública, la construcción de un gran cantidad de escuelas y hospitales, las viviendas obreras y el desarrollo del turismo social (el tradicional “chalecito peronista” fue, hasta su defenestración, conocido como “chalet Mercante” y, contrariando otros de los más preciados mitos del peronismo, se debe al gobierno de Mercante la creación de la República de los Niños, la expropiación del actual Parque Pereyra Iraola y la construcción del complejo turístico de Chapadmalal, inaugurado en 1948 y poco después cedido a la Fundación Eva Perón, creada ese mismo año)

Mercante supo reorganizar el Estado y revolucionar la obra de gobierno basándose en un gabinete en el que convivían conspicuos integrantes del grupo Forja, como el ministro de Hacienda Miguel López Francés y el de Educación Julio César Avanza, radicales renovadores y personas de su íntima confianza, secundados por funcionarios aún más jóvenes (los ministros de Mercante oscilaban entre los 30 y los 35 años) ya no venidos de ninguna formación política anterior sino surgidos del propio Partido Peronista. Contó además con dos incorporaciones de enorme significación y trascendencia: las del fundador de FORJA Arturo Jauretche al frente del Banco Provincia y, como fiscal de Estado, la del joven y brillante abogado Arturo Sampay, proveniente de los núcleos socialcristianos.

Los frutos de la obra de Perón al frente del ejecutivo nacional y de Mercante en la provincia de Buenos Aires se verán tan sólo dos años después cuando, encabezando la lista de diputados constituyentes, el gobernador obtenga un aplastante 65% contra el 28 % de los votos cosechados por la UCR. Naturalmente, Domingo Mercante fue elegido para presidir la convención que sancionaría una las constituciones más progresistas de la época. Ese sería el momento culminante de su carrera política, que se opacaría muy poco después.


II. La Constitución de 1949


Domingo Mercante, testigo de casamiento, estrecho amigo y colaborador de Juan Perón, artífice de la reacción obrera del 17 de octubre y cada vez más popular gobernador de la provincia de Buenos Aires, presidió la convención constituyente que, tras celebrar su reunión preparatoria el 24 de enero de 1949, sesionó durante todo el mes de febrero y aprobó un nuevo texto el 11 de marzo, jurándolo cinco días después.

Si bien la voz cantante la llevó su fiscal de Estado Arturo Sampay, considerado el padre del constitucionalismo social argentino, el rol de Mercante no fue decorativo. Por el contrario, no sólo se entrevistó numerosas veces con Perón, en una ocasión al menos para convencerlo de las virtudes del artículo 40, sino que en el domicilio del periodista nacionalista José Luis Torres había conformado su propio “brain storm” integrado, entre otros, por Jorge Del Río, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Sampay y el propio Torres. Fue ese grupo el que dio origen al célebre artículo que sancionaba el monopolio estatal del comercio exterior, la propiedad inalienable de la nación sobre el subsuelo y las fuentes energéticas, la obligación del Estado de prestar los servicios de forma directa, estableciendo un cálculo indemnizatorio por expropiación de empresas de servicios públicos que, inspirado en la doctrina social de la Iglesia, computaba como amortización los excedentes obtenidos por sobre una ganancia razonable.

Perón nunca quedó convencido de los beneficios que reportaría ese incómodo artículo: por un lado, si en el futuro podría crear complicaciones –de ser necesario, como el presidente ya preveía, recurrir a la inversión extranjera para lograr el autoabastecimiento energético–, un artículo en una Constitución –y hasta una Constitución misma– difícilmente eran garantía de nada, al menos en un país donde la regla parece ser la de arrasar con la obra del gobierno anterior, empezando todos los días todo de nuevo, como suelen hacen los orates.

Si tales eran los temores de Perón, el tiempo demostraría que no le faltaba razón: el artículo 40 complicó las negociaciones con la California Oil Company para la exploración de yacimientos petroleros y fue usado como argumento por aquellos que justamente no lo habían votado, como el inveterado oportunista Arturo Frondizi y la entera oposición radical. Por otra parte, la Constitución más moderna y más votada de la historia argentina fue anulada mediante un bando militar por el golpe de estado que había comenzado por anunciar que no habría vencedores y vencidos, siguió con la persecución ideológica, los despidos de empleados públicos, el encarcelamiento de dirigentes políticos, artistas y líderes sindicales, ató al país a las políticas del FMI y reinició un proceso de endeudamiento, comenzando así la lenta y sistemática destrucción de la industria nacional, la extranjerización de la economía y un ciclo de violencia política que ensangrentaría al país durante los siguientes 25 años. El artículo 40 y la propia Constitución nacional no consiguieron impedir nada.



Si non e vero...

El historiador Norberto Galasso, en su muy documentada historia de Perón, da cuenta de una versión según la cual, al día siguiente de una última reunión con Sampay y Mercante, Perón envía al Congreso a su secretario Juan Duarte con la orden de suspender el tratamiento del artículo 40. Casual o intencionadamente, Duarte es demorado en la entrada del edificio y Sampay, advertido, apura el tratamiento del proyecto, para lo cual habría contado con la aquiescencia de Mercante.

Es posible que esto haya ocurrido y que algunos círculos lo calificaran de un acto de deslealtad, pero es dudoso que Perón adhiriera a esa sospecha: en el punto que mayores roces creó con la oposición –la reelección presidencial– y que, en los hechos, podía disgustar más al gobernador bonaerense, en tanto era ampliamente considerado como el seguro sucesor de Perón en la Presidencia de la República, Mercante se comportó con indudable lealtad, tanto a su amigo como a sus ideas: de hecho, fue el promotor del artículo 78 que autorizaba la reelección presidencial.

La prueba de que la amistad seguía incólume se vería un año después, cuando Mercante se presentara a elecciones para completar el período de seis años de gobierno que establecía la nueva Constitución, Eva Perón en persona participaría muy activamente en su campaña y junto a Perón presidirían el acto de cierre realizado en Avellaneda.

Debe observarse, además, que Perón y su viejo amigo y colaborador habían tenido anteriormente algunas serias diferencias. De acuerdo a ley de estatización del Banco Central y la nacionalización de los depósitos bancarios en que los bancos privados y provinciales quedaban bajo el control del Central, en su carácter de empresa mixta (integrada por capitales privados y del estado provincial) el Banco provincia sería una sociedad anónima sujeta a las mismas limitaciones que el resto de la banca, a lo que Mercante se opuso: si la provincia de Buenos Aires no podía decidir sobre su propio banco, no existía ninguna posibilidad de autonomía provincial. Era, de alguna manera, la invocación de los fundamentos para la estatización del Banco Central, pero aplicados ahora a la soberanía del estado provincial.

El Estado nacional retrocedió ante la firmeza y los argumentos de la provincia y mediante un decreto el Poder Ejecutivo reconoció que el banco no era mixto sino que pertenecía a la provincia de Buenos Aires, tras lo cual el gobernador designó a Arturo Jauretche en la presidencia del directorio.



El “mercantismo”


Al frente del gobierno bonaerense, Mercante fue ganando un progresivo reconocimiento, tanto por su labor administrativa, la amplitud y extensión de las obras públicas, su política agraria, y la eficiencia y transparencia en el manejo de los fondos, como de sus permanentes acuerdos con los sectores progresistas y nacionalistas de la oposición radical. Y mientras dentro del Partido Peronista cobraba influencia y poder un grupo de dirigentes autoidentificado como “mercantista”, que ya controlaba el distrito bonaerense, en las elecciones de 1950 Mercante duplicaba la cantidad de votos obtenidos por su principal contrincante, el radical Ricardo Balbín, obteniendo el 63% de los votos y, por primera vez, una amplísima mayoría en las cámaras.

Tras la sanción de la nueva Constitución nacional y su reelección al frente de la provincia de Buenos Aires, Domingo Mercante había dejado de ser el sucesor de Perón para convertirse en el seguro candidato a la vicepresidencia, pero seguía siendo El Corazón de Perón.

¿Cómo fue que, menos de dos años después, su estrella dejaría de brillar casi con la instantaneidad con que se extingue la luz de una lamparita eléctrica?


III. Piedras en el zapato


La década del 50 comenzaba plagada de negros presagios. En el plano político, una oposición cada día más cerril desconocía la validez de la nueva Constitución y se volcaba a una conspiración con los sectores más reaccionarios del ejército. Mientras comenzaban los preparativos de los primeros actos terroristas, los encuentros secretos entre el radical Arturo Frondizi, el socialista Américo Ghioldi, el demócrata progresista Horacio Thedy y los conservadores representados por Reynaldo Pastor con militares de triste memoria como Julio Alsogaray, Tomás Sánchez de Bustamante y Alejandro Agustín Lanusse darían sus frutos en septiembre de 1951, con el frustrado alzamiento del general Benjamín Menéndez.

En 1950, además, comenzaría una prolongada huelga ferroviaria, que a su masividad y alto acatamiento sumaba un carácter “salvaje”: convocada por ignotas comisiones de enlace al margen de los dirigentes de la Unión Ferroviaria, sólo pudo ser dominada un año y medio después al disponerse la militarización de los trabajadores del sector.

Si bien el gobierno había sobrellevado anteriormente y padecería después numerosos conflictos gremiales, uno tan serio y prolongado con un gremio de vieja tradición de lucha, cuya “lealtad peronista” no estaba en cuestión, revelaba con claridad que la consolidación del peronismo de ningún modo implicaba la desmovilización de los trabajadores, empeñados en materializar en el plano económico las indudables conquistas políticas obtenidas en esos años.

Ese conflicto en particular, en que los aguerridos ferroviarios desbordaron por completo a su organización gremial, revelaba las fisuras y debilidades de un sistema de organización y conducción fundado en la cristalización de una burocracia interna más en sintonía con los deseos de la cúspide que con las exigencias de la base.



La caída de los precios

El caldo de cultivo de esta conflictividad política y social será la crisis económica en ciernes, provocada por la concurrencia de dos factores: la brutal caída del precio internacional de cereales y oleaginosas y una muy prolongada sequía, con la consiguiente disminución de las cosechas, que hubiera arruinado a miles de productores, de no ser por el siempre tan denostado IAPI: al monopolizar el comercio de importación y exportación, a través del Instituto, el Estado se había apropiado de la renta extraordinaria generada fundamentalmente por la producción agrícola de la pampa húmeda, volcándola al fomento de la industria. Por otra parte, al concentrar la comercialización de granos, Perón había tenido la esperanza de influir decisivamente en el precio internacional, tal como décadas después, harían los países petroleros con la creación de la OPEP.

A partir de la caída de los precios y los estragos provocados por la sequía, sumados a una creciente inflación, que en algún momento llegaría hasta el 35% anual y que amenazaba con malquistar con el gobierno a sectores que habían sido los principales beneficiarios de sus políticas, el Instituto pasó a subsidiar a los productores rurales, evitando su quiebra. La concurrencia de estos factores agudizó un problema estructural de la economía argentina, originado en el desigual desarrollo entre el agro y la industria: la recurrente restricción de divisas en cada oportunidad en que el país pretende desarrollarse industrialmente.

Nuestra industria es víctima de cuatro subdesarrollos: el tecnológico, el de un mercado de escala relativamente pequeña, el de inversión, y el ideológico-cultural debido al cual no ha surgido jamás en la historia argentina una clase verdaderamente comprometida con el desarrollo industrial. De ahí el rol preponderante que, en cada período industrializador, ha tenido el Estado (ya fuera por medio de Fabricaciones Militares o de IAME, ya en forma directa) en la investigación tecnológica, la protección económica a la pequeña industria y la gran inversión, por lo general dilapidada por gobiernos posteriores, como fue el caso de Somisa y Altos Hornos Zapla antes y, más recientemente, de las centrales nucleares y de Arsat, por dar un par de ejemplos al paso.



Los dos caminos

El subdesarrollo de la escala y el mercado necesarios para la creación de una industria competitiva, obliga a la protección arancelaria, al subsidio de insumos (por ejemplo, los energéticos) a créditos a tasas muy bajas, a la creación de vastas obras de infraestructura y al fomento de las exportaciones, debiéndose tomar en cuenta que, debido al atraso tecnológico, el incremento de la actividad industrial supone un acusado aumento de las importaciones, sin que las exportaciones industriales alcancen todavía a compensar esa sangría de divisas. De ahí que el Estado deba apropiarse de la renta extraordinaria de la producción agraria para volcar esos fondos al fomento del desarrollo industrial, cuyo principal pivote es el consumo interno basado en el pleno empleo y los altos salarios.

Se trata de una compleja arquitectura que cruje y empieza a hacer agua cada vez que se desploma el precio de los commodities. Y que se agrava cuando esa caída coincide con una crisis económica internacional, que cierra aun más los mercados, provocando, también, altos excedentes en la producción de las economías más desarrolladas. Este excedente, a bajo precio, supone un enorme peligro que se cierne sobre la producción industrial nacional.

Las opciones en esta disyuntiva son dos: persistir en el proceso industrializador acentuando las medidas proteccionistas y fomentando el mantenimiento de empleos y salarios, o abandonarlo, con el consiguiente descalabro social, recurriendo al endeudamiento externo para financiar la restricción de divisas, lo que históricamente ha significado el inicio de un círculo vicioso de difícil salida.

Perón, que al frente del Consejo Nacional de Posguerra había estudiado detenidamente las falencias y errores del yrigoyenismo, así como de las opciones elegidas para sobrellevar la crisis del 30, se decidió por proseguir el ensayo industrialista. Sus estrategias fueron el desarrollo y la investigación tecnológica, el autoabastecimiento energético, la protección industrial, la búsqueda de un mercado interno de mayor envergadura mediante la integración continental, el control de precios, el aumento de la productividad, la reducción de la conflictividad social y el silenciamiento de la oposición.

Las consecuencias políticas serían la acentuación de los rasgos autoritarios del gobierno, la verticalización de las fuerzas propias, la exacerbación del personalismo y, consecuentemente, la cristalización alrededor de la figura de Perón de una elite parasitaria, adulona y administradora del poder del “jefe”, autoerigida en custodia de la ortodoxia de un proyecto del cual era ajena, que no hizo más que acentuar las consecuencias negativas de la construcción política a la que Perón se vio --o se creyó-- obligado.

Domingo Mercante sería una de las más emblemáticas víctimas propiciatorias de esa corte y de la profundización de esa estrategia política. Pero no la única.


IV La era del hielo


El endurecimiento de las relaciones con la oposición, el disciplinamiento y verticalización de las fuerzas propias, la acentuación de las tendencias autocráticas y personalistas y la conformación de un séquito servil, administrador del poder de Perón y, a la manera de una casta sacerdotal, intérprete de su voluntad y su palabra, fueron las consecuencias del recrudecimiento de las acciones de la oposición política, las dificultades provocadas por la crisis externa y la agresión y bloqueo al que el país era sometido por parte del gobierno estadounidense.

Como siempre, todo problema se puede agravar o atenuar de acuerdo al contexto que, en este caso, era la sucesión presidencial. El primer escollo había sido removido por la nueva Constitución en la que, como hemos visto, el gobernador bonaerense Domingo Mercante había tenido destacada actuación: gracias al artículo 78 Perón podía ser reelecto al frente del Poder Ejecutivo, alejando así los fantasmas de una segura crisis política al interior del movimiento peronista. Sin embargo, sin llegar a la profundidad que esta habría tenido, la nominación de su compañero de fórmula –en la que hasta poco antes el popular gobernador bonaerense había sido “número puesto”– provocaría un auténtico tembladeral dentro del oficialismo.



Nos sobran los motivos

Existen varias teorías que intentan explicar el distanciamiento entre tan estrechos amigos, como lo habían sido Perón y Mercante. Hay quienes sostienen que la autonomía exhibida por Mercante tenía que despertar los recelos de un presidente cada vez más autocrático, lo mismo que su popularidad, tanto entre las bases peronistas como entre una oposición que, sincera o calculadamente, no cesaba de elogiarlo al tiempo que se enfrentaba más y más al presidente. En tanto, otros culpan del desencuentro a la sanción, contrariando los deseos de Perón, del artículo 40 de la nueva constitución, y no faltaron quienes –muy interesadamente a fin de librarse de un rival interno tan peligroso–, atribuyeran a oscuros manejos de Mercante –ex interventor del gremio, con el que además estaba históricamente muy relacionado– la continuidad, extensión y profundidad de las huelgas de la Unión Ferroviaria que habían tenido en vilo al gobierno durante 1950 y 1951.

El motivo, sin embargo, podría también buscarse en la creciente inquina que le iba tomando Eva Perón a medida que se afirmaban las posibilidades del gobernador de ocupar el segundo lugar en la fórmula presidencial.



El Renunciamiento y sus consecuencias


Los sindicalistas José Espejo, Armando Cabo, Isaías Santín, Florencio Soto –conocidos como “Los Mosqueteros de Evita”– y la propia Abanderada de los Humildes querían que la vicepresidencia fuera ocupada por la Abanderada de los Humildes, a la sazón, luego del presidente, la personalidad más influyente del momento.

Evita se ocupó de descalificar al gobernador bonaerense ante el presidente del bloque peronista de diputados Ángel Miel Asquía y el subsecretario de Prensa y Difusión Raúl Alejandro Apold, acusándolo de querer ocupar el lugar de Perón en las inminentes elecciones, según revelaría Miel Asquía una década después. Y mientras Apold eliminaba de los medios de prensa el nombre y la imagen de Mercante, la propia Abanderada de los Humildes promovía la candidatura a gobernador bonaerense de Carlos Vicente Aloé, un hombre por completo ajeno a los círculos mercantistas. El 22 de agosto de 1951, la CGT proclamaba la candidatura de Evita a la vicepresidencia, inquietando a los círculos militares.

Pero no se trató tan sólo de la oposición militar. Al colocar a Eva Perón en primer lugar de la línea sucesoria, la nominación tenía un alto valor simbólico, pero escasa utilidad práctica y hasta resultaba contraproducente: el poder y la libertad de acción de Evita al frente de la Fundación era sensiblemente mayor al que tendría en la presidencia del senado, para peor, sometida a diversas obligaciones burocráticas. Es decir, la ganancia sería escasa y los costos, demasiado altos.

Perón cortó por lo sano y decidió no cambiar de caballo en medio del río. El matungo en cuestión era el anciano político correntino Hortensio Quijano, su anterior compañero de fórmula, que falleció muy poco después.

Las razones que llevaron al renunciamiento de Evita pueden ser muchas y siguen siendo, en realidad, tan misteriosas como las que provocaron el distanciamiento entre Perón y Mercante, pero resultó un contundente mensaje hacia el interior del movimiento peronista: si nada menos que la Abanderada de los Humildes había debido dar un paso al costado, quedaba claro que ya no había lugar para el disenso y las construcciones independientes de la voluntad de la conducción y su círculo más íntimo.



Disparen contra Mercante

El disciplinamiento tiene lugar en forma acelerada y, en el caso de Mercante, el nuevo gobernador Aloé dispone el desplazamiento de la administración del último mercantista, intenta a toda costa borrar de la memoria la obra de su predecesor, censura su imagen y su nombre de la prensa oficial y hace arrancar de más de 1600 escuelas la fechas de inauguración y toda referencia al gobierno durante el cual se habían construido. A la vez, el ex ministro de hacienda Miguel López Francés, y el de Educación, el poeta Julio César Avanza, eran detenidos y procesados por malversación de fondos. Que las acusaciones eran infundadas quedaría en claro cuando a principios de 1955 fueran declarados libres de culpa y liberados por el Poder Judicial.

En una suerte de amarga “justicia poética” el propio Carlos Vicente Aloé, “El Peroncito”, “El burro bonaerense” “El que no sabía dibujar una O con un vaso”, se convertiría, en breve, en uno de los funcionarios más difamados de la época, víctima de las más injustas y crueles descalificaciones, repetidas alegremente por la oposición, pero nacidas de las entrañas de la poderosa subsecretaría de Prensa y Difusión en la que campeaba Raúl Alejandro Apold.

En 1953, un tribunal presidido por el almirante Alberto Teisaire decidió la expulsión de Mercante del propio partido que con tanto tesón había contribuido a crear.



V. Un nuevo comienzo



El desplazamiento y posterior expulsión en 1953 del partido peronista de Domingo Mercante, sin ser su causa, constituyó un símbolo del proceso de declinación que sufriría el gobierno de Perón durante su segunda presidencia.

Con Mercante salían del gobierno y hasta de la actividad política misma –al tiempo que otros acentuarían su ostracismo–, viejos y nuevos luchadores, íntimamente comprometidos con la causa nacional, como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, José Luis Torres, Arturo Sampay, Francisco José Capelli, Juan José Hernández Arregui, “Los mosqueteros de Evita” José Espejo, Isaías Santín, Armando Cabo y Florencio Soto, y, junto a la persecución judicial sobre Miguel López Francés y Julio César Avanza, comenzarían a ser víctimas de asombrosos casos de sectarismo y autoritarismo intelectuales tan emblemáticos como José María Rosa, raleado de la Universidad por negarse a afiliar al Partido Peronista, o Leopoldo Marechal, debido a su irregular situación matrimonial, llegándose al desplazamiento y salida del país, aun contra la voluntad del presidente, del más notable de los ministros de Perón, el neurocirujano Santiago Carrillo. En tanto, el artífice de la constitución Arturo Sampay había debido escapar del país disfrazado de sacerdote católico.

Al igual que los arriba mencionados, Mercante guardó silencio y se recluyó en la actividad privada, rehusándose a hacer el caldo gordo a una contrarrevolución que mostraba los dientes y afilaba sus cuchillos.

Que la restauración conservadora no tendría lugar por vías pacíficas o electorales lo daría cuenta el resultado de la elección del vicepresidente que debía reemplazar al fallecido Hortensio Quijano: con un 63% de los votos resultaría electo para el cargo el melifluo y poco conocido Alberto Teisaire. Nadie podía imaginar cuántos votos habría sacado Perón de haberse presentado como candidato a vicepresidente de sí mismo.



Factor de unidad nacional

Si la expulsión de Mercante fue un símbolo de la declinación del gobierno peronista, no menos simbólico resultó el encumbramiento de un personaje tan sinuoso como Alberto Teisaire. Luego de producido el golpe de septiembre de 1955, Mercante, que no necesitaba darle tiempo al nuevo gobierno para reconocer su catadura y que no había ocupado cargo alguno en los tres años anteriores, salió del país buscando refugio en Uruguay, en tanto Teisaire se presentaba espontáneamente ante las nuevas autoridades para acusar a Perón de los mayores crímenes y abusos.

A diferencia de la actual, aquella sociedad argentina todavía conservaba cierta capacidad de repugnancia, y el súbito travestismo político de uno de los jerarcas del gobierno depuesto provocó la repulsa general. Alberto Teisaire se convirtió, sin quererlo, en un factor de unidad entre peronistas y antiperonistas, que no podían ponerse de acuerdo en nada, excepto en repudiar a tan ruin personaje.

Con el exilio de Perón, la anulación de la Constitución, el arrasamiento de las conquistas sociales, la persecución política y la prisión de miles de activistas, comenzó un lento proceso de resistencia y reconstrucción del movimiento peronista en el que tuvieron especial papel nuevos cuadros y activistas políticos y sindicales y, no casualmente, los viejos militantes desplazados por los muchos Teisaires que habían medrado y seguirían medrando entre los pliegues de un movimiento de tamaña envergadura.

Mientras los Teisares se travestían y las bases peronistas se “autoconvocaban” para la resistencia, recuperando el espíritu libertario de los primeros años del peronismo, tenían lugar varios intentos de dialogar con las nuevas autoridades –tal el encabezado desde la cárcel por el Presidente del Consejo Superior del Peronista Alejandro Leloir, rechazado por los sectores intransigentes y fulminantemente desautorizado por Perón–, o los esfuerzos por construir un peronismo sin Perón.



La culpa era de Perón


Junto a la convicción de que el “ciclo de Perón” había llegado a su fin, había general consenso entre los núcleos dirigentes en que las tendencias personalistas del conductor junto al desacierto que había mostrado en la elección de sus últimos colaboradores, por lo general reclutados entre los adulones, hacían necesaria la organización e institucionalidad del movimiento. Nacía así el “peronismo sin Perón”, representado en un primer ensayo por el ex canciller Juan Atilio Bramuglia (creador del partido Unión Popular), un neoperonismo que pronto se revelaría funcional, pero ya no a la institucionalización del peronismo, sino a la del régimen de la restauración conservadora.

Por su parte, por iniciativa de Francisco José Capelli, los antiguos militantes de Forja –que habían formado parte del círculo “mercantista” y habían sido expulsados durante las grotescas “purgas” de Teisaire–, sumamente críticos a lo que consideraban la megalomanía del ex presidente, planeaban la reorganización partidaria en base a la figura de Perón. Pero, en las brutales palabras del agobiado embajador Carlos Pascalli, a la sazón exiliado en Panamá, “evitando que su intervención revuelva el picadero de la inferioridad, repitiendo los errores anteriores”, para lo que proponía “usarlo con una envoltura de seguridad o caja de bloqueo formada por hombres bienintencionados, enérgicos y con antecedentes”.

Carlos Pascalli, exasperado tras una incómoda convivencia con el General en un pequeño departamento de dos ambientes, sin duda expresaba un extremo rayano en la demencia de ese sector que puso en marcha el llamado “Congreso Postal de Exiliados” a partir del cual se proponían institucionalizar un “peronismo con Perón”.

El General, que había optado por apoyarse en los sectores más intransigentes, bendijo el intento, pero a la vez se ocupó muy cuidadosamente de que no tuviera éxito. “No hay que olvidarse –explicó en una carta al comando de Santiago de Chile– que este es un juego de vivos en el que gana el que puede pasar por tonto, sin serlo”.

Más allá de su astucia y su innegable capacidad, la tremenda fortaleza de Perón para imponer su voluntad tanto sobre sus enemigos como sobre sus amigos, radicaba en su popularidad y la certeza de que la acción de gobierno de sus sucesores no haría más que acrecentar la estima de la suya en la memoria de los argentinos.

Mercante, por su parte, se mantendría en silencio y alejado de cualquier tejemaneje político, limitándose a prestar un último servicio a Perón, quien le pedirá, desde Caracas, que sondee la opinión de los dirigentes peronistas en relación a un eventual acuerdo electoral con Frondizi. Pero nunca más volvieron a verse, hasta esa lluviosa tarde de julio de 1974 en que un anciano Domingo Mercante se presentaba en el Hall de Honor del Congreso para despedir a su viejo amigo y compañero.

Siempre, en todo proceso, habrá personas de la integridad de Mercante, despreciables oportunistas como Teisare y líderes que, como Perón, más allá de sus errores, miserias y pequeñeces, harán de la lealtad a su pueblo una vocación y una conducta, granjeándose la gratitud y simpatía de los sectores populares.

En cualquier caso, en todos los tiempos se cuecen, se han cocido y se seguirán cociendo casi las mismas habas.


jueves, 4 de febrero de 2016

El quiebre tan esperado



Desde el asado en Pinamar que reunió al anfitrión Sergio Massa con el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey y el diputado nacional Diego Bossio se venía hablando de que este último sería quien encabezaría una movida en Diputados para arrastrar voluntades en el bloque del FpV hacia una ruptura que engrose el "macrismo blue" inaugurado por el tigrense y le de volumen a su funcionalidad justificada como un "aporte a la gobernabilidad" del sistema político argentino.

Secundado por el sindicalista mecánico Oscar Romero, el tandilense reunió a poco más de una decena de diputados que serán clave para el desempeño parlamentario del oficialismo que impulsó esta movida desde la presidencia de la Cámara ejercida por Emilio Monzó y el ministro del Interior Frigerio.   Otra pieza clave fue el gobernador Urtubey que dice que aspira a un peronismo "competitivo y funcional", poniendo en duda lo primero si su convierte en furgón de cola del macrismo, aunque no podemos estar más de acuerdo con lo segundo. 

En la previa, las razones para alejarse del bloque peronista que esgrimían estos diputados cuando se les preguntaba informalmente eran que tenían que ser punta de lanza de un "encapsulamiento de La Cámpora"  cuya intransigencia le quitaba margen de maniobra al bloque y en lo formal en su documento repitieron la palabra "gobernabilidad" que no parece estar tan en peligro dado el enorme apoyo del establishment económico y mediático del nuevo gobierno nacional.

Que en el día de ayer hayan sido 12 los diputados que se alejan del bloque del FpV cuando se especulaba con un número mayor, no impide reconocer que la ruptura fue un éxito del macrismo que vino trabajando el quiebre que le permitirá obtener el quorum necesario para arrancar las sesiones y eventualmente los votos para aprobar sus iniciativas que incluyen la ley cerrojo y el pago a los fondos buitres.

Veremos como influye la ruptura en el reparto de las comisiones parlamentarias. El FpV a pesar de esto sigue manteniendo en lo formal la condición de primera minoría pues supera al resto al existir como bancada diferenciada la de la UCR.  Lo que no se duda es que al sumarse estos diputados como eventuales aliados del macrismo este llegue a sumar al menos 140 voluntades, suficientes para llevar adelante sus propuestas en Diputados.




miércoles, 13 de enero de 2016

Hoy el post lo hace Teodoro Boot: Todo un símbolo





Todo un símbolo

Teodoro Boot/ Diario Punto Uno, Salta.



Arturo Frondizi asumió la presidencia de la república el 1 de mayo de 1958. Había triunfado en las elecciones de febrero de ese año gracias a un pacto firmado con el desterrado Juan Domingo Perón cuyas cláusulas incluían la revisión de todas las medidas económicas adoptadas por la Revolución Libertadora, la revocación del artículo 4161 que prohibía no sólo la actividad política del peronismo sino que penaba con prisión efectiva hasta la sola mención del nombre del exiliado, la restitución de la legalidad del partido Peronista, la devolución de sus propiedades, la liberación de los presos políticos, gremiales y conexos, la normalización de los sindicatos y de la CGT, el reemplazo de los miembros de la Corte Suprema, el otorgamiento de un aumento de salarios de hasta el 60% y, en un plazo no mayor de dos años, habida cuenta la manifiesta ilegalidad con que con un decreto se había anulado la Constitución, debía convocarse una asamblea constituyente que declarara vacantes todos los cargos electivos y convocara a nuevas elecciones.

En enero de 1959, cuando recién llegaba al octavo mes de gobierno, el presidente Frondizi no sólo había incumplido la mayor parte de los acuerdos suscritos con Perón sino que prácticamente había inaugurado su gobierno haciendo exactamente lo contrario a lo anunciado durante su campaña electoral: a cambio de un préstamo del FMI se comprometió a la liberalización del mercado cambiario, la devaluación del peso y un enorme estímulo a la inversión extranjera mediante rebajas impositivas, permiso ilimitado para la remesa de beneficios al exterior, reducción radical de tarifas aduaneras, suspensión de control de precios y restricciones comerciales, a lo que se sumó el congelamiento de los salarios, el aumento de tarifas, la reducción del gasto mediante la paralización de la obra pública y el despido de la planta de empleados públicos de 40.000 agentes, además de privatizaciones en el sector petrolero, ferroviario, productivo y de servicios.

El día 12 de enero Frondizi presentó al Congreso un proyecto de ley para privatizar el frigorífico municipal Lisandro de la Torre y transferirlo a la Corporación Argentina de Productores de carnes manejada por los grandes ganaderos del litoral. Con una faena de 1.500 toneladas diarias de carne vacuna, además de ovina y porcina, el frigorífico (creado por Marcelo de Alvear justamente para impedir las maniobras y manipulaciones de los ganaderos) permitía al Estado regular la comercialización y exportación de carne, así como el precio de los cortes en el mercado interno, y a su vez recuperar una gran cantidad de divisas provenientes de su cuota de exportación.

El proyecto del Ejecutivo fue sancionado dos días después, por lo que los trabajadores del frigorífico decidieron tomar las instalaciones. La toma se convirtió en movilización popular. Muchos comercios y pequeñas industrias del barrio de Mataderos se solidarizaron con los huelguistas, paralizando sus actividades. Dos horas después de tomadas las instalaciones, decenas de miles de vecinos rodeaban la planta “en defensa del patrimonio nacional”.

Cuando el 17 de enero 1.500 efectivos del Ejército, Gendarmería y Policía Federal, con el apoyo de cuatro tanques de guerra, derribaban las puertas del frigorífico provocando la muerte de un obrero, la mesa de las 62 Organizaciones declaraba la huelga general por tiempo indefinido.

Desalojadas las instalaciones con inusitada violencia, la batalla campal se prolongó durante casi una semana, extendiéndose a toda la barriada de Mataderos, alcanzando también Villa Lugano, Villa Luro, Liniers, Bajo Flores y parte de Floresta. Los negocios bajan sus persianas en solidaridad con los huelguistas, los vecinos oscurecen las calles quitando las lámparas del alumbrado público, construyen barricadas con los árboles, vuelcan camiones, incendian colectivos, tiran clavos “miguelito”, levantan el empedrado de las calles para dificultar el paso de los patrulleros. El gobierno decreta el plan Conintes y la entera dirección del sindicato y 264 trabajadores son detenidos mientras miles más son encarcelados en todo el país al tiempo que arrecian los atentados con explosivos.

El 21 de enero los dirigentes de las 62 organizaciones que aun no habían sido detenidos suspendieron oficialmente la huelga general pero dos días después pocas fábricas trabajaban. En Rosario y Avellaneda, las actividades se reanudarían en forma muy gradual recién a partir del 24 de enero.

El frigorífico será finalmente privatizado a mediados de 1960 y entregado a los ganaderos de la CAP, que lo mantendrán durante años con suculentos subsidios del Estado. Para ilustrar la naturaleza del pingüe negocio, baste decir que el complejo fue transferido a la CAP en 380 millones y se le dieron 500 millones para reconvertirlo; sin embargo, la CAP sólo terminó “pagando” 38 millones.

Tal como había advertido en su momento la organización gremial, al cumplirse este aspecto del plan del FMI, de los nueve mil trabajadores del Lisandro de la Torre, más de cinco mil quedaron en la calle. En el mismo instante en que el día 17 de enero el Ejército irrumpía en el frigorífico, el presidente Arturo Frondizi emprendía el primer viaje de un mandatario argentino a los Estados Unidos. A veces, más que mil palabras, alcanza con un símbolo.




sábado, 9 de enero de 2016

La respuesta anunciada



Todo era alegría en la fiesta que el novel intendente ofrecía a sus amigos en el paquetísimo balneario de Cariló la semana pasada. No hubo hasta entonces mucho tiempo de distenderse un poco y disfrutar de haber llegado a la cima subido a la ola amarilla en una ciudad cuyos votantes apenas lo conocían  y derrotando a una administración decadente que vivió en tiempo de descuento desde la inundación del 2013.  Hasta que alguien le tuvo que preguntar por los cooperativistas que habían quedado afuera de los alrededor de 3000 que habían sido reconocidos por la comuna y venían realizando protestas frente al edificio del Palacio Municipal. "Ya me tienen podrido" respondió el intendente, "que se dejen de joder o los mando a cagar a palos".

Aunque fuera en la intimidad, todo estaba anunciado para que así sucediera y  se corre el riesgo que la violencia estatal ejercida por una fuerza que viene a diseñar un  nuevo país en donde los que no entran y hasta ayer gozaban de un empleo precario son tildados de "ñoquis", "parásitos" y demás calificativos que pretenden darle legitimidad al uso de la fuerza, naturalice la represión si estos protestan.  Que si a la intolerancia de los gobernantes frente a la realidad que no responde a sus deseos como sus declaraciones y hechos como el de ayer reflejan se suma el miedo si la protesta crece se pueden volver a vivir épocas que se creían superadas.

Frente a las imágenes que desentonan en el clima de optimismo y buenas ondas que pretenden instalar desde el gobierno y seguramente no se recomiendan en las reuniones de coaching ni son aprobadas por los focus groups que guían el día a día de los nuevos funcionarios, la administración provincial vivió un día de duros reproches dirigidos hacia quienes desde hace días vienen aportando problemas y ninguna solución. Por eso aunque la linea inicial fue un cerrado apoyo a la burtal represión policial, el ministro de Seguridad Ritondo tuvo que salir a decir que aplicará "sanciones a los responsables" y analizan como despegarse del intendente Garro que no para de complicar a la administración PRO. "Este me trajo dos muertos en una semana" se la oyó decir a la gobernadora, aludiendo también a la fiesta clandestina que terminó con la muerte de una joven en Romero y uno de sus organizadores, a quien se lo puede ver confraternizando con la gobernadora y el presidente en su album de fotos se encuentra prófugo.

 Será esta la única respuesta a quienes se quedan afuera del cambio?





lunes, 4 de enero de 2016

Juntos en Davos?




Vemos aca en Infobae que mientras lo anuncian, se hacen los misteriosos acerca de quien sería el opositor que acompañará a Maurico Macri a la cumbre del Foro Económico Mundial de Davos.

No queda mucho en el espacio opositor pues Macri en la formación de su frente y luego con su triunfo ha incorporado  de alguna manera a todo lo que se encuentra fuera del peronismo por lo que si no fuese el camarada Del Caño, quien?  El que nos da la pista acerca del opositor generoso es el periodista Ignacio Zuleta en su flamante y recomendable blog abierto luego de su partida de Ambito FinancieroZuleta sin techo hablandonos aca de las negociaciones entre el macrismo y el sciolismo encarnados respectivamente en Rogelio Frigerio y Alberto Pérez para que el que fuera el candidato del FpV lo acompañe a Macri en su visita a esa vidriera del capitalismo mundial como símbolo de un aporte a la gobernabildad del peronismo frente a los famosos "inversores extranjeros" que eventualmente vendrán a hacer su apote tan necesario a nuestra economía.

Esta confluencia en la comitiva oficial se daría en un momento en donde todos asistimos a un avasallamiento de las leyes y la condena a los asalariados a ser quienes paguen un brutal ajuste ya sea con la merma en el poder adquisitivo de sus sueldos o directamente con la pérdida del empleo como política central del nuevo gobierno, mientras el peronismo debe afrirmarse como oposición.  Es un reclamo de quienes votaron a Scioli y una necesidad urgente en medio del cambio amarillo.

Sería un contrasentido con la voluntad que el que fuera el candidato ha demostrado luego de la derrota de ponerse al frente de un peronismo que reclama que sus dirigentes estén a la altura del momento grave que se está viviendo.

Coincidimos con el amigo Abel B. Fernandez que  aca nos dice que la Argentina necesita referentes opositores y la foto se daría en el marco de un gobierno que vino a arrasar  con todo lo conseguido en estos 12 años.

Pensalo Daniel, hacés falta de este lado.

ACTUALIZACION: Finalmente el opositor será Sergio Massa


 


domingo, 3 de enero de 2016

Hoy el post lo hace Teodoro Boot: Ocurrencias



Ocurrencias


Teodoro Boot


En escasos quince días hábiles el nuevo gobierno argentino ha producido tantos cambios que ya parece viejo. Y eso que, luego de la primera semana, agotado, el presidente se tomó vacaciones.

De todos modos los argentinos no tenemos por qué sentirnos nerviosos: hay equipo.

Mientras el presidente medita en Villa la Angostura –porque cuando el presidente no está bailando, medita–, el jefe de Gabinete pergeñó decreto tras decreto, el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas tuvo tiempo hasta de amenazar a los trabajadores con una moderna versión de “la bolsa o la vida” que consiste en “conservar el empleo o pedir aumento de salarios”, y el ministro de Interior ha imaginado asombrosas obras públicas.

Como para que se sepa que el presidente es tan o más capaz que Benito Mussolini en eso de dictar leyes, el fértil caletre de sus Ceos dio a luz un ramillete de apremiantes y vitales decretos que, en somera enumeración, comenzaron por la modificación de la ley de ministerios, siguiendo por la designación per che me piacce de dos integrantes de la Corte Suprema, la modificación, por el mismo principio constitucional, de la ley de Servicios Audiovisuales, la anulación de la ley de Educación, el restablecimiento del polimodal, la eliminación de las escuelas técnicas, la reducción del presupuesto educativo del 6 al 3% del PBI, la suspensión del nuevo Código Penal, la transferencia de las escuchas judiciales de la Procuración a la Suprema Corte, el reemplazo del Afsca por un nuevo y más democrático organismo ideado por Marcos Peña y, en razón de las dudas generadas por las estadísticas que proporciona el Indec, la declaración de la emergencia estadística.

La emergencia estadística consiste en que no se difunda ninguna estadística, ni siquiera las que acostumbraba difundir Finosport, la consultora del interventor del Indec Jorge Todesca. .

La razón esgrimida por el nuevo titular del organismo es haber encontrado al instituto en completo desorden y “plagado de información falsa y tendenciosa".

Habida cuenta que Finosport se abstendrá de brindar información, los observadores conjeturan que también la consultora del funcionario estaría plagada de información falsa y reinaría el mismo desorden que en el Indec.

A pesar de que, al igual que Rosas, Todesca asegura estar dotado de “facultades extraordinarias”, la suya no deja de ser una autocrítica realmente notable.

Como para que no cunda el caos y nadie termine de saber cuánto gasta por mes, al afirmar que “la inflación de este año rondará entre el 23 y 24%”, Jorge Todesca ha dado indicios de cuál será el nuevo método de medición del instituto: el ojímetro del señor interventor, un hombre de tanta experiencia en eso de las estadísticas que ni de encuestas requiere.

Más que cambio, esta seguidilla de medidas e innovaciones son una auténtica revolución, pero nada supera la genial observación del presidente y el no menos osado proyecto del ministro de Interior.

La creciente del río Uruguay sacó al presidente de sus ejercicios de meditación, obligándolo a viajar muy brevemente a Concordia, donde luego de apreciar la situación y segundos antes de retornar junto a las más plácidas aguas del Nahuel Huapi, dejó establecido que en algunos lugares sobra agua mientras que en otros, falta. Una verdad grande como una casa.

La trascendente reflexión motivó las pullas y chacotas de los chuscos que nunca faltan, incapaces de advertir, por ejemplo, que el agua falta y sobra en sitios muy cercanos entre sí. Sin ir muy lejos, es indudable que en el océano Atlántico hay agua para tirar para arriba, mientras que en la contigua Patagonia no la hay ni para regar malvones.

¿O no es verdad? ¿O alguien puede decir lo contrario?

Ocurre que la meditación aleja al presidente de la esfera perceptiva de los ciudadanos comunes, que asistimos tan boquiabiertos a sus pasos de danza como a sus elucubraciones. Afortunadamente se encontraba a su lado el ministro Rogelio Frigerio quien tradujo –en planes enérgicos y proactivos, como corresponde– el descubrimiento del presidente anunciando la construcción de dos acueductos en Concordia que sirvan para llevar el agua que ahí donde sobra a otros lugares del país, en la que falta.

Los críticos y avinagrados, que tampoco escasean, aseguran que el ministro no tiene la más pálida idea de dónde está Concordia, sugiriendo que alguien se lo debería mostrar en un mapa. Cada uno mide a los demás según su propia estatura y las perdices no pueden apreciar el amplio panorama que tienen ante sí las águilas, razón por la cual son incapaces de comprender cómo hará el ministro para construir un acueducto que, saliendo del río Uruguay, atraviese Entre Ríos, pase por arriba (o por abajo) del río Paraná para finalmente llegar a San Juan, La Rioja y Catamarca, donde siempre falta el agua, poniendo así remedio a tamaña injusticia hidrográfica.

Ya verán cómo se le ocurrirá algo. Lo importante es “evitar que estos fenómenos nos encuentren sin respuestas”.

El ministro no aclaró si por “fenómenos” se refería a los frutos de la meditación presidencial o a las consecuencias de las lluvias en Brasil, pero ya estaría en marcha la conformación de un brainstorm de respuestas coordinado por el conocido escritor norteamericano Mel Brooks.



martes, 29 de diciembre de 2015

Explicando la propia torpeza





En el medio de la primer crisis que el gobierno de María Eugenia Vidal tiene que enfrentar la gobernadora salió en conferencia de prensa a defender su gestión rodeada por los ministros de Seguridad y de Justicia y el vicegobernador Daniel Salvador. Se la vio firme y segura haciendo su diagnóstico de la situación y anunciando que enviará a la Legislatura Bonaerense un proyecto de declaración de emergencia penitenciaria que le permitirá  actuar en el area sorteando cualquier obstáculo administrativo para la realización de compras y realizar destituciones y nuevas designaciones.

Allí la gobernadora apunta cuando dice que la fuga obviamente contó con la complicidad del Servicio Penitenciario, también involucró a la gestión anterior encabezada por Ricardo Casal y calificó al hecho como "un mensaje y el costo de las decisiones que tomamos en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico". Allí se encuentra el punto más débil de su mensaje porque si revisamos lo actuado en estas dos semanas de gestión podríamos decir que en cuanto a decisiones no han tomado ninguna que no sea seguir con buena parte de los funcionarios de la gestión anterior hasta que pasase algo como esto que obligase a mover el tablero. Leemos aca en Letra P un artículo firmado por su director Carlos Marino:

En el caso del SPB, Vidal jugó con fuego. Como informó la semana pasada Letra P, había ratificado al segundo del ex ministro de Justicia Ricardo Casal, César Albarracín, en la conducción civil de la política carcelaria, y no había tocado la cúpula de la fuerza.

En definitiva, dos meses y dos días después de ganar las elecciones no había intervenido en un organismo de por sí sensible, capaz de poner en serios problemas a cualquier gobernante con solo olvidar una reja abierta. No lo hizo ni siquiera cuando su titular, Florencia Piermarini, abandonó el cargo: desde el miércoles de la semana pasada, el Servicio estaba acéfalo. Lo estuvo durante la Navidad, una época en la que, por cuestiones emocionales, como es bien sabido, las poblaciones penales están especialmente irritables. Y lo estaba al momento de la fuga.

¿Podía escapársele a Vidal que el SPB era un polvorín?

En la campaña de la que ella fue también protagonista, el peronismo bonaerense ardió por dentro cuando Aníbal Fernández les imputó a sus “compañeros” del Frente para la Victoria la operación que concretó el periodista Jorge Lanata en su programa “Periodismo para todos”: la entrevista en la que el otro Lanatta (éste, con doble t) acusó al ex jefe de Gabinete de traficar efedrina. Esa nota se hizo en el penal donde estaba alojado el entrevistado, al que el equipo periodístico accedió, por supuesto, con permiso de las autoridades penitenciarias. Casal, entonces responsable del SPB, quedó entre ojo y ojo de Aníbal. E incluso el propio Daniel Scioli, con quien el quilmeño casi ni se cruzó en la campaña para el 25 de octubre.

¿Podía Vidal desconocer que el SPB era una bomba de tiempo?

De ninguna manera, porque, además, ella fue pescadora gananciosa en aquel río revuelto del peronismo.
De allí surgen, entonces, los últimos interrogantes: ¿Vidal no tocó la conducción del Servicio Penitenciario Bonaerense por despistada? ¿Por ingenua? ¿O será que algún tiro le terminó saliendo por la culata?

No puede entonces considerarse ajena a esta crisis o víctima de una conspiración que involucra a gente que ella misma dejó en funciones por razones que ella dice fueron administrativas al no poder concretar inmediatamente el pase del Servicio Penitenciario Nacional del nuevo jefe Fernando Díaz, cuyo nombre comenzó a sonar luego de la fuga de los presos y no antes.

Con este panorama, coincidimos con la gobernadora cuando dice:  

“Sabemos que puede haber más hechos como este al tocar intereses de otros sectores. No estamos para negociar ni hacernos los tontos sino para decir la verdad, no vamos a parar”.

Esto más que un diagnóstico parece un anuncio.


* Pablo Papini aporta a la discuisón en este post: 

Su pretensión de insistir en vincular a Aníbal Fernández con la tragicomedia en curso de la que ella es máxima responsable puede obedecer a dos alternativas, distintas pero no contradictorias entre sí: en el mejor de los casos, la gobernadora bonaerense supone que es posible estirar el relato sobre el que se deslizó en aguas mansas su candidatura como método de gobierno. Esto es, la novela de una hada buena y bella que, luego de derrotar al ogro malvado, libera a su pueblo de las garras de los peores males imaginables. Si no fuera para llorar por las derivaciones traumáticas que el epílogo de este cuento puede llegar a acarrear, daría en cambio para la risa y la ternura.
 
Pero tal vez sea aún peor: que Vidal haya pactado con una madeja cuyos detalles desconoce, y no conduce; o bien que se haya lanzado a domesticarla sobre la base de idéntica ignorancia. El dos veces jefe de Gabinete durante los gobiernos de la ex presidenta CFK resultó uno de los mayores defenestrados por la familia peronista tras la derrota 2015, de la que él fuera uno de sus mascarones de proa, y justamente debido a ello. Y si algún poder conserva todavía el partido desplazado en el gobierno bonaerense, no lo posee precisamente Fernández sino algunos de quienes rivalizaron contra él en la interna por el sillón de Dardo Rocha en agosto último.


Completo aca