
Era de esperar que luego de la publicación del reportaje a José Pablo Feinmann en La Nación, el reporteado tuviese que salir a explicar la horrorosa edición de sus conceptos que el editor perpetra con la impunidad y la desidia que lo caracteriza. Más tratándose de quien se trata el entrevistado que públicamente ha manifestado diversamente su apoyo a este Gobierno, no sin plantear lo que él considera cuestionable y de haber en algún momento ya hace bastante tiempo, compartido cierta intimidad y debate político con Néstor Kirchner relatado en su libro El Flaco.
Es por eso que Feinmann publica hoy esta especie de descargo aca en Página 12 acusando al diario de haberlo "apuñalado por la espalda". La bronca y la indignación de Feinmann es legítima pero lo que nos paece extraño es que el filósofo se sorprenda tanto por el abuso en su buena fe por parte de un "medio militante" del establishment cuya calidad periodística se ha venido degradando evidentemente en defensa de sus intereses económicos y apuestas políticas. Si como Feinmann dice en la nota que el amable reportero lo iba llevando hacia donde lo querían llevar luego no es ninguna sorpresa que de allí obtengan el título buscado.
La nota misma comienza con un párrafo de pura mala leche: "Ojalá que no les caiga mal lo que dice y que no lo condenen al exilio de los que se animan a pensar distinto. Ojalá que los kirchneristas no trituren a José Pablo Feinmann después de enterarse de algunas cosas", siendo otro de los objetivos del diario el demostrar que de este lado solo hay una manga de intolerantes.
Nada que sorprenda demasiado viniendo de donde viene. El reportaje según José Pablo formaba parte de la necesaria promoción de su último libro acerca del peronismo y como vemos ha resultado mucho más pesada que lo que según su primer párrafo en la nota de hoy penso.
























