viernes, 5 de marzo de 2010

Hoy el post lo hace Teodoro Boot


Nuestro amigo y compañero Teodoro Boot nos manda estas reflexiones acerca del momento político. En exclusiva para este blog.


Un país imposible

Teodoro Boot

En un sistema parlamentario, la actual composición y comportamiento de los distintos bloques legislativos supondría un inmediato llamado a elecciones, puesto que tampoco “la oposición” podría formar gobierno, en tanto su principal y acaso único factor de unidad es oponerse a la actual gestión.

Pero el que nos rige sigue siendo un sistema presidencialista en el que el propósito de “la oposición” es impedir que el Ejecutivo consiga hacer aprobar leyes y a la vez anularle todos los decretos, apelando no sólo a las relativas mayorías legislativas sino también recurriendo a jueces afectos a marchar para el lado que sople el viento. El resultado obvio sería la parálisis gubernamental y, por lo pronto y entre otros factores, el progresivo deterioro de las condiciones económicas y sociales. La debacle, a corto plazo, sería equivalente a la de diez años atrás.

Al mismo tiempo y en una nueva demostración de lo que sucede con cada uno de los puntos de fricción entre el oficialismo y la oposición, fuera de la propuesta de Proyecto Sur de formar una comisión auditora de la deuda externa (que, dada la actual composición de las cámaras redundaría previsiblemente en un dictamen favorable a las pretensiones de los acreedores), ninguno de los demás bloques ha dado a conocer proyectos o propuestas diferentes a las gubernamentales. Quedaría además por verse si alguna de esas eventuales y hasta hoy inexistentes iniciativas llegaría a contar con la suficiente cantidad de votos del amorfo y contradictorio conglomerado opositor.

Porque te quiero te aporreo

En lo referido al punto hoy en cuestión –que, naturalmente, mañana será otro–, el escenario tiene un trasfondo grotesco. Los militantes oficialistas, imbuidos de una mística de aires libertadores, acaban festejando como un notable triunfo nacional y popular la cancelación con reservas de vencimientos de las sucesivas renegociaciones de una deuda externa desmedida, innecesaria, ruinosa y garantida con los activos públicos que fuera en contraída durante la dictadura de Jorge Rafael Videla y el mucho más prolongado reinado de José Alfredo Martínez de Hoz. La paradoja es que esos mismos militantes creen a esa deuda tan ilegítima como ilegal, si bien suponen que el momento ideal para recusarla fue a fines de 1983, cuando la asunción de las primeras autoridades electas por el voto popular luego de la dictadura militar.

Ocurre, y esto parecen olvidarlo partidos y militantes de la izquierda y la centroizquierda, que de 1983 al momento actual transcurrieron 27 años durante los cuáles pagos, gestiones, renegociaciones y nuevas deudas fueron contraídas por gobiernos electos por el voto popular. Existía, tal vez, la remota posibilidad de que las demandas del Dr. Alfonsín pudieran haber sido tomadas en cuenta por los poderes políticos del Primer Mundo. La dictadura no sólo había violado sistemáticamente los derechos humanos. Más grave aún para esos ojos, había declarado una guerra a las potencias dominantes del planeta. Pero puede asegurarse que hubieran sido remotas las chances de que los gobiernos que lo sucedieron hubieran podido tener éxito en recusar las deudas contraídas por sus democráticos predecesores. Bastante fue la quita obtenida por el gobierno de Néstor Kirchner al momento de empezar a salir de la cesación de pagos, frente a la cual sólo cabía la opción de negarse a salir del default.

Hoy, con el uso de reservas para el pago de vencimientos la Argentina (no el gobierno) se financia pagando un interés del 0,5 % anual en vez del 15% que acabaría pagando de no utilizar reservas para ese propósito.

Volviendo a la propuesta de Proyecto Sur, el núcleo de la misma consiste en una nueva renegociación diferenciando deuda “legítima” de “ilegítima”, lo que de hecho lleva a la cesación de pagos. Luego, salir de ella pagando la deuda legítima (no la ilegítima, si es que acaso esa diferenciación es, a estas alturas, materialmente posible) con recursos genuinos, vale decir, en sus palabras, con la renta obtenida por la administración o apropiación por parte del Estado nacional de los recursos del subsuelo.

Lo que amerita un par de observaciones.

Una, que las riquezas mineras e hidrocarburíferas argentinas difícilmente sean suficientes para salir del nuevo default producido por la “diferenciación” entre deudas, si bien es necesario que el Estado nacional recupere la propiedad y soberanía del subsuelo a fin de promover –con esas ya bastante menguadas riquezas– nuevas exploraciones junto al fomento y desarrollo de fuentes energéticas alternativas.

Dos, que como parte del proyecto de desarticulación nacional, la Constitución del 94 transfirió a las provincias la propiedad del subsuelo, situación que podría modificarse mediante una nueva reforma. ¿Con qué apoyos contaría, en este punto, cualquier proyecto de reforma constitucional? ¿Qué presión cree ese "centroizquierda" poder ejercer sobre gobernadores, dirigentes políticos, económicos y sociales así como representantes y diputados constituyentes provinciales para convencerlos para que cedan aquello que la Constitución del 94 les concedió? ¿Cómo diablos alguien en sus cabales cree que es posible semejante propósito sin una razonable cuota de violencia o de poder de coacción proveniente de una revolución social de carácter nacional o acaso de una dictadura militar? ¿Está preparado el país para alguna de estas alternativas? ¿Está preparado Proyecto Sur?

Habría una tercera observación: todo indica que en un país como el nuestro, la mayor parte de la riqueza de los recursos naturales no proviene del subsuelo, sino del suelo, que tiene propietarios privados. De ahí podrían salir la mayor parte de los “recursos genuinos” para el pago de la deuda “legítima”. ¿Cómo? ¿Con una reforma agraria? ¿Con una agencia estatal de importación/exportación? ¿Con institutos como las juntas de granos y carnes? ¿Y con qué apoyos se supone puede contarse para seguir cualquiera de estas razonables alternativas si no alcanzaron para aprobar la muy modesta resolución 125?

(Las comillas en “recursos genuinos” vienen a cuento de que, si los obtenidos del superávit comercial y la imposición de gravámenes impositivos a la producción y exportación no son recursos genuinos, cuesta imaginar qué diablos puede ser un recurso genuino).

Queda por mencionar, además, que los tenedores de bonos eventualmente considerados parte de la deuda ilegítima, de ningún modo aceptarían semejante sentencia, a menos que fuera dictada por un tribunal más que universal, supremo. Y presidido por el mismísimo Dios Nuestro Señor. Y eso a condición de que esté provisto de los aleccionadores rayos con que pulverizó Sodoma y Gomorra, que sino, no.

Los inconvenientes que esos tenedores de bonos ilegítimos serían capaces de provocar a la economía argentina pueden ir de menores a muy serios y graves, dependiendo de su número y poder político y económico. A lo que habría que sumar el agravante de que, no proviniendo la declaración de ilegitimidad de un tribunal cuya infalibilidad fuera universalmente aceptada, cualquiera podría sentirse disconforme y actuar en consecuencia, con mayor o menor capacidad de daño según sea su grado de poder.

En tanto, y partiendo del hecho de que las deudas externas de semicolonias “emergentes” como ésta, no fueron otra cosa que enormes negocios de los intereses más concentrados del planeta, es fácil deducir que la sociedad argentina se enfrentaría a las represalias de esos mismos poderes.

De mirarse las cosas en términos de mediano plazo (que no son los de la vida plena de cada quién) y siempre según nuestra experiencia y discrecionalidad, al país le ha resultado más ventajoso estar solo que mal acompañado, pero la aclaración entre paréntesis vale, pues la decisión de las mayorías se basa en los términos vitales de cada quién y no en los de los grandes objetivos nacionales. Una mirada retrospectiva permite observar que la sociedad argentina nunca se mostró propensa a pagar los costos necesarios para tener una existencia instantáneamente autónoma e independiente. Se puede argumentar que los procesos de construcción de independencia fueron interrumpidos por golpes de fuerza que suprimieron la libre expresión de la voluntad popular, pero habría que acotar algún detalle, por ejemplo que esos golpes contaron con el entusiasta apoyo de un considerable porcentaje de esa misma sociedad. ¿O acaso hay que explicar que tanto el golpe petrolero contra Yrigoyen, la revolución libertadora, el desplazamiento de Frondizi, el derrocamiento de Illia o el hoy tan repudiado golpe de marzo de 1976 contaron con el entusiasta apoyo y complicidad de una porción significativa, acaso ocasionalmente mayoritaria, de una sociedad a la que, cuando ya es tarde e irremediable, apenas se le da por golpearse el pecho pero sin jamás admitir el mea culpa, realizar los correspondientes actos de contrición y hacerse cargo de las penitencias de rigor?

¿Alguien puede hoy, remotamente, pensar que en el plano de los objetivos nacionales y los principios personales, la sociedad argentina es mejor a lo que era entonces? La izquierda y parte de la centroizquierda debería tomar conciencia de que la materia prima con la cual trabaja son seres humanos de carne y hueso, con una vida limitada en el tiempo, en el espacio y en expectativas. Y por lo tanto limitada en sus miras y aspiraciones.

Juan Perón hablaba de la “óptica invertida de la conducción”. Y lo hacía mediante una inquietante metáfora: “Cuándo más de cerca se mira a los hombres más chiquitos se los ve”. Quizá se trate de una reflexión muy escéptica sobre la naturaleza humana, pero nadie puede negarle realismo.

Son esos hombres, pequeños, mortales, inseguros, mezquinos o no, generosos o razonablemente egoístas, la materia prima con la que trabaja la política, siempre y cuando se la deje de tomar como un medio de ganar elecciones y conseguir cargos y prebendas y se la vuelva a considerar instrumento de mejora y progreso –o retroceso, que eso también forma parte de la acción política– humano y social.

Tomar conciencia de la naturaleza de la materia prima del arte que cada uno practica es una condición básica e indispensable, previa aún a estudiar su técnica. Sin ir muy lejos ni esforzarse con los ejemplos, nadie construirá un edificio con plastilina, por más años de arquitectura que haya cursado y por mucha que sea la calidad de la técnica que maneje.


En la masmédula

La situación de la llamada o autodenominada oposición de centro o centroderecha (que nadie admita ser de derechas, una opción tan legítima como cualquier otra, habla mucho de la hipocresía del sistema político y comunicacional del país) es todavía más ridícula cuando se siente forzada a oponerse a una de las propuestas más conservadoras del gobierno, la de pagar vencimientos de la deuda externa con las reservas acumuladas en base al esfuerzo de toda la sociedad (aunque gracias a la gestión de las actuales autoridades, un pequeño detalle que trata de disimular).

No sólo ninguno de los diputados o senadores de ese “sector” –por así llamarlo– coincide con quienes niegan legitimidad y legalidad a la deuda que la actual administración va cancelando sino que en su gran mayoría esos legisladores fueron copartícipes y hasta directos responsables de haber contraído esas deudas cuyos vencimientos la actual administración va cancelando.

La cancela con reservas, es verdad. Y parece que las reservas son sagradas, de lo que esos mismos diputados y senadores no se acordaron cuando los gobiernos de los que formaron parte las dejaron reducidas a menos de 7.000 millones de dólares y el que los precedió las constituyó en base a endeudamiento externo, un recurso de por sí más que ilegítimo, suicida.

La actual administración (si hemos de considerar como una sola a las de Néstor Kirchner y Cristina Fernández) llevó el monto de esas reservas a 48.000 millones, a los que habría que sumar los 10.000 millones utilizados para cancelar la deuda con el FMI. Por fin, elevó el monto de reservas (amarrocó, para ser más explícitos) a 51.000 millones de dólares, de los que pretende disponer de 6.800 millones para el pago en el corriente año de los vencimientos de deuda contraída por las administraciones anteriores, detalle que también se obvia.

Esos 6.800 millones le parecen excesivos a la mayor parte de “la oposición”. Y es lógico: si ellos mismos, al final de sus desdichadas administraciones, bueno es repetir, apenas habían dejado 7.000 millones en la caja del Central.

Pero en tanto ninguno de estos opositores adscribe a las tesis de Proyecto Sur y todos coinciden en la imperiosa necesidad de “honrar la deuda” ¿De qué modo proponen hacerlo?

Explícitamente, de ninguno, ya que de hacerse explícito, sería muy impopular: si no es con reservas, la cancelación sería en base a nuevo endeudamiento o con parte del superávit fiscal y comercial, lo que implica la reducción del gasto público. Es decir, de las obras de infraestructura y de los beneficios sociales, entre ellos aquellos más intensivamente utilizados por la “autosuficiente” clase media argentina (a la que le gusta hacer como que no recibe nada del gobierno populista) los subsidios estatales a servicios, transportes y combustibles, de los que es la principal beneficiaria.

Puesto a gobernar, puede preverse hacia donde iría Proyecto Sur, que viene a ser la facción de la izquierda o centroizquierda con alguna plausible perspectiva electoral. No se sabe cómo ni con qué ni quiénes, pero al menos se sabe en qué dirección, lo que no es poca cosa.

¿Pero qué ocurre con el centro, centroderecha o como prefiera camuflarse?

Seguramente sabe cómo, con quiénes y en qué dirección encaminarse, pero no puede decirlo, pues si lo dijera, pulverizaría sus chances electorales, cimentadas en factores secundarios y superfluos del quehacer público: su receta es más de lo mismo con lo que sucesivamente se han ilusionado y luego padecido, soportado y al cabo frustrado al menos cuatro generaciones de argentinos. Lo mismo que llevó a la muy reciente catástrofe nacional, que puso al país al borde de una disolución de la que todavía no está a salvo, habida cuenta el grado de responsabilidad con que afrontan la realidad gran parte de los dirigentes políticos, sociales y económicos, así como autopromocionadas personalidades del ambiente cultural y mediático.

¿Pero para qué sirven las reservas entonces, según la óptica de esa oposición tan “sensata y centrista”? Pues para lo mismo que sirvieron antes, en el 2000, en el 88, en el 82 y etc: para garantizar que los vaciadores consuetudinarios del país dispongan de la suficiente cantidad de divisas que les permitan volver a liquidar sus activos y depositar los dividendos en la banca off shore. Esa y no otra, es la razón de la pretendida y sacrosanta "intangibilidad” de las reservas.

Confusión gubernamental

Sus acólitos festejaron una aventurada diferenciación que la presidenta hizo en el discurso inaugural de las sesiones parlamentarias de este año, la que aparentemente existiría entre una realidad virtual y una suerte de realidad real. Y son varios, dentro de los que no habría que descartar a numerosos funcionarios gubernamentales, los que parecen creer en la existencia de semejante diferencia, lo que implica un contrasentido: en tanto llamamos realidad a lo que es, una suerte de realidad virtual, o aparente, sería un no ser, una no realidad.

Tratando de evitar la osadía de meternos en camisas de once varas filosóficas, filológicas, sicológicas o semióticas, correspondería puntualizar, para beneficio de los que se hacen los distraídos o propenden a creer en la existencia de lo que no es, que desde hace ya rato y en forma progresiva, lo que comúnmente se denomina “realidad” no es aquello que perciben con sus propios sentidos y según su propias experiencias la suma de las personas de carne y hueso presentes en determinado momento y lugar, sino que la realidad es lo que perciben colectivamente. Distintos factores, entre los que habría que mencionar al desarrollo tecnológico y omnipresencia de los medios de comunicación de masas, con la consiguiente globalización y trivialización de contenidos, tratamientos y preocupaciones, han llevado a que, a falta de mejores vehículos, el vínculo con la realidad que la mayor parte, o al menos una porción significativa de los seres humanos establece con la realidad mediata y en ocasiones, la inmediata, esté tamizado por la intermediación de los no por nada llamados medios. Por lo que puede decirse con cierto fundamento que la realidad no es aquello que es ni que percibimos directa e inmediatamente, sino que es su interpretación. O que la realidad no es aquello que vemos y percibimos con nuestros sentidos sino también lo que los medios nos indican que es y deberíamos percibir, entendiendo por medios a los grandes y pequeños o aun marginales medios de comunicación de masas así como a cualesquiera de los diferentes vehículos de interpretación de la realidad con que puedan contar las personas: la tertulia amistosa, la sobremesa familiar, la conversación de oficina, la reflexión política colectiva, la charla en el café.

Si no estamos alucinando y esto es aproximadamente así, lo menos que puede decirse de la diferenciación hecha por la presidenta es que es “aventurada”, además de simplista, infantil y muy peligrosa, si acaso fuera tomada en serio por quien la formula.

Probablemente la presidenta haya querido aludir a que la realidad nacional es mucho más vasta de lo que los grandes medios interesada y sesgadamente deciden trasmitir e interpretar. Y si lo que llama “realidad virtual” y nosotros preferimos considerar parte constitutiva e inseparable de la realidad, ocupa para una gran porción de ciudadanos el lugar de toda la realidad, se debe a dos factores, ambos de naturaleza a estas alturas estructural: uno, que los medios ya no son sólo medios, sino parte determinante del poder económico, y tienden crecientemente a ocupar el lugar y el papel de los partidos políticos.

Sin ir más lejos: los grandes medios son hoy en nuestro país la auténtica conducción política del conglomerado opositor, más allá de sus diferencias, que las tienen, puesto que han sido los intereses de esos medios los que han dado existencia a una “oposición” que de por sí y librada a las naturales tensiones centrífugas, jamás habría podido constituirse como una suerte de entidad real. O virtual, en la mirada presidencial.

El segundo factor determinante de que la interpretación de la realidad vire en una dirección y no en otra, obedece a que el conglomerado político, social y cultural mal o bien expresado en el kirchnerismo, y que incluye al propio gobierno nacional y a muchos de los provinciales, no ha sabido, podido o querido construir los instrumentos y vehículos de trasmisión e interpretación de la realidad de la suficiente envergadura, penetración y credibilidad como para compensar el empeño de los grandes mass media en reflejar e interpretar a su antojo y conveniencia una determinada porción de la realidad.

Pero esa interesada y si se quiere deformada interpretación de la realidad es parte inseparable de la realidad real. Y como dice el adagio popular, calavera no chilla: los Kirchner no debieron haber esperado siete años para votar una ley de servicios audiovisuales que tratara de mitigar el enorme poder de los grupos concentrados, en momentos en que más concentrados están por la previa acción de este mismo gobierno que hoy se queja del monstruo que contribuyó a crear.


Pero que ningún calavera chille

Esta larga digresión nos distrajo pero también nos llevó con un poco más de gradualismo a una conclusión que sin tantas aclaraciones tal vez hubiera sonado intempestiva, lo que no evita que así pueda seguir sonándole a más de uno.

Si el esforzado lector que llegó hasta acá tiene la amabilidad de retroceder a los primeros tres párrafos de esta nota, comprenderá el porqué del título que la encabeza. Y acaso lo comparta.

Es muy posible que, convencida de que la interpretación que cada ciudadano pueda hacer de la porción de la realidad que le toca vivir y lo rodea, acabará imponiéndose a la interpretación que colectivamente al día de hoy la mayor parte de los ciudadanos recibe de los grandes medios, la presidenta porfíe en cumplir el mandato (en ambos sentidos) para el que fue votada. Propósito que la “oposición” se muestra muy dispuesta a impedirle, tarea obstructiva en la que, según se ha visto en los primeros escarceos legislativos, tendría éxito.

Tras la innovadora conformación de una mayoría integrada por minorías con más desacuerdos entre sí que los que varios tienen con el gobierno, la oposición consiguió arrebatarle al oficialismo, que sigue siendo la primera minoría, presidencias de comisiones en las que según la tradición y algunas interpretaciones reglamentarias le habrían correspondido.

En estos agitados momentos en que la oposición trina por la subida de los bonos, la baja de los intereses y la reducción del riesgo país (que no es otra cosa que la sobretasa que estados y empresas deben pagar al momento de obtener un crédito y que la última vez que le tocó gobernar, la mayor parte de esa misma oposición llevó a cifras más que africanas, astronómicas), el “grupo A” vuelve a intentar algo semejante en el senado, esta vez con la presencia del inefable Carlos Menem, eterno como el agua, el aire y el mal.

El propósito: quitarle al oficialismo la mayoría en todas las comisiones, algo muy descabellado desde todo punto de vista: por un lado, el oficialismo por sí solo es mayoría en el senado y con sus aliados habría llegado al quórum propio de no ser por el travestismo de varios senadores que arribaron a ese sitio como parte del oficialismo y que váyase a saber por qué, lo abandonaron. A modo de ejemplo, por las razones del senador Verna mejor no preguntarse ya que podríamos obtener una respuesta.

El segundo de los aspectos que, de pura bondad, llamamos “descabellados” es que al privar al oficialismo de la mayoría en las comisiones legislativas, a la luz del comportamiento demostrado hasta hoy por la oposición, quedaría garantizado que ninguna de las iniciativas del Poder Ejecutivo sea tratada por el Parlamento, quedándole así a la presidenta el único recurso de dictar decretos, tanto simples como de necesidad y urgencia. Los primeros serán recurridos judicialmente y los segundos habrán de ser recusados por la comisión bicameral, hoy en paridad de fuerzas y en la que “la oposición” consiguió fabricarse una mayoría.

Es claro para todos que “la oposición” no tiene otro factor de unidad que el enfrentamiento con el gobierno, según el ritmo que le impriman y el énfasis que le otorguen los grandes medios. Es difícil que de tal revoltijo pudiera prosperar algún proyecto, que requeriría de la improbable unidad opositora o acaso del acuerdo de parte o de toda la bancada oficialista. Pero aún en esos inciertos casos, le queda al Ejecutivo un recurso expresamente establecido por la Constitución y hoy, y sólo para el actual gobierno, negado por la opinión mediática: el recurso de veto, uno de los derechos esenciales del Poder Ejecutivo en cualquier sistema presidencialista.

A la vez, una esquizofrénica hipocresía nubla las entendederas de muchos mandatarios provinciales, cuyos senadores se opusieron férreamente a conformación del Fondo del Bicentario, pero que hoy respiran aliviados de que la presidenta haya encontrado el modo de sortear las trabas de la misma oposición a la que ellos pertenecen. El recurso a que apeló el Ejecutivo le acarreará serias consecuencias políticas y acaso penales, pero a posteriori de la afectación de reservas para cancelar vencimientos, lo que será de gran alivio a las economías y renegociaciones de deudas de las provincias, que en su mayoría no han conseguido sobreponerse a las consecuencias del colapso 1999-2001 y aun requieren de créditos y renegociaciones de vencimientos de deuda.

No hay perspectivas –ni sería justo ni razonable pedírselo– de que Cristina Fernández acepte cumplir un papel decorativo, a la manera de los monarcas de España o Inglaterra o de los presidentes de Italia o Israel, que no son justamente aquellas personas cuyo nombre conoce la opinión pública internacional. Lo cual habla de su capacidad de incidencia en el manejo de los asuntos públicos: mal que le pese a unos u a otros, nuestro país sigue rigiéndose por un sistema presidencialista de gobierno. Es posible cambiarlo por un régimen parlamentario, para lo que sería necesaria una reforma constitucional o acaso una enmienda.

El sistema parlamentario, además de basarse en la unicameralidad (los equivalentes al Senado Nacional, como la Cámara de los Lores en Gran Bretaña, no eligen al primer ministro, que es el diputado electo por sus pares para hacerse cargo del manejo de los asuntos públicos) supone que el gobierno se forma según las mayorías legislativas. Tenemos así que, ante una crisis política equivalente a la que ahora amenaza a la Argentina, el presidente o el monarca convoca a los líderes de las principales fuerzas opositoras a fin de que formen gobierno, para lo que deben contar con las mayorías suficientes –y suficientemente estables–, lo que en el caso de la actual conformación de la cámara de diputados, no parecería factible.

De producirse lo que la lógica indica, es difícil que alguna fuerza política consiguiera formar una mayoría que le permitiera gobernar, con lo cual el monarca o presidente no tendría otra opción que convocar a elecciones anticipadas. Tras las cuales, dicho sea de paso, ninguno de los actuales diputados tendría garantizada la reelección, detalle que ha de llevar a más de uno a evitar la tentación de cambiar de régimen en la mitad de sus mandatos: en un régimen parlamentario mañana mismo dejarían de ser diputados y deberían ir nuevamente a elecciones.

El cambio de sistema acarrea dos inconvenientes, uno coyuntural: no serviría para paliar los efectos de la crisis parlamentaria que la oposición se empeña en transformar en crisis de gobernabilidad puesto que las actuales autoridades han sido electas según el sistema presidencialista y en ese sistema deberían finalizar sus mandatos.

El siguiente problema es estructural: al basarse el sistema parlamentario en la conformación de mayorías legislativas duraderas y siendo casi de norma que ninguna fuerza consiga formar mayoría propia, las alianzas consiguientes deben ser estables, lo que requiere de partidos políticos con una entidad, homogeneidad y coherencia sensiblemente mayores al desbarajuste que hoy exhiben los que malamente existen.

Pero nada de esto soluciona la crisis legislativa actual y la previsible –si es por la voluntad opositora– crisis de gobernabilidad, puesto que al mismo tiempo que impiden al Ejecutivo gobernar, las fuerzas opositoras no ofrecen alternativas ni salidas institucionales.

Queda por verse si los gobernadores que revistan en algunas de las múltiples facciones opositoras privilegian la gobernabilidad y prosperidad de sus provincias, que al cabo redunda en beneficio de sus habitantes, y que se basa, principalmente en la gobernabilidad y prosperidad del país en su conjunto. Todos ellos son gentes de suficiente edad y experiencia como para saber que las debacles nacionales son precedidas de una seguidilla de debacles provinciales, tal vez por eso de que el hilo tiende a cortarse por lo más fino. Y seguramente prefieran que los cambios institucionales se lleven a cabo en su momento y según las normas establecidas y no traumática y anticipadamente o precedida de crisis económicas. Pero según van las cosas, cabe también la posibilidad de que para cuando atinen a reaccionar sea ya demasiado tarde para mitigar los efectos de la inconsciencia e irresponsabilidad de sus legisladores.

En el actual panorama, la previsible tensión entre un gobierno que porfía en cumplir con su mandato y una oposición empeñada en impedírselo puede acabar en una anomia social y económica y en la parálisis gubernamental, circunstancia muy grave para la sociedad argentina ya que este país no es de aquellos que puedan gobernarse en piloto automático. Frente a eso, el ejecutivo dice qué quiere hacer y cuándo no se lo impiden, lo hace, para satisfacción de unos e insatisfacción de otros. Pero para desconcierto de todos, de las oposiciones más significativas se ignora qué plantean como alternativa a los aciertos o errores gubernamentales.

En un sistema presidencialista, la acción obstruccionista de la oposición tiene sus límites, lamentablemente implícitos y depositados en la ingenua idea que la legislación se hace desde la salud mental de los legisladores y dirigentes políticos e institucionales. Y es que ante el sistemático impedimento a gobernar, la única opción sensata que en estos momentos se presentaría a la presidenta sería la renuncia, de manera que con Cobos en la presidencia “la oposición” desarrollara sus misteriosos planes, si es que los tiene. Y es que si los tiene, han de ser inconfesables, puesto que no los enuncia.

Es probable que la distancia entre lo público y lo privado se haya vuelto abismal e irreversible en nuestra sociedad desde que se transformó en apotegma nacional la festejada confesión de Carlos Menem: “Si yo decía lo que iba a hacer, perdía las elecciones”.

Es posible también que la mayor parte de los argentinos haya aceptado desarrollar sus vidas según esta convención. Pero también es previsible que casi todos reaccionen airados ante sus resultados.

Por otra parte, si la renuncia presidencial es la propuesta de “la oposición” para salir de la crisis de gobernabilidad que al parecer busca provocar, pues debería decirlo explícitamente y simplificar el trámite y trasparentar el debate.

A veces se cae en la tentación de apurar el trago cuando es amargo y que sea de una buena vez, lo antes posible, el momento en que la oposición y según parece la mayoría de los argentinos pruebe el sabor de su propio remedio.

Cabe desear que en breve, cuando llegue el momento de volver a reclamar que se vayan todos, los ciudadanos tomen las medidas pertinentes para que esos todos no tengan posibilidades materiales de retornar. Y reflexionen en su grado de responsabilidad, en su cuota-parte en la desdicha de que esos mismos hayan vuelto una y otra vez a hacer la misma cosa para infelicidad de las mayorías. Y que, para mayor escarnio, se empeñen en seguir haciéndolo.

Pero quizá eso sea mucho desear.

26 comentarios:

Ladislao dijo...

UN enorme compendio de descripciones y análisis con los que coincido, excelentemente realizados.
Excepto que no coincido con los tragos amargos: se los escupo en la cara al que me los sirvió.
No soy de quienes aceptan la cicuta sin más.
Mis respetos

Leandro dijo...

Encuentro un error de apreciacion repetido en varios puntos del texto.
Varias veces habla del DNU de la presidenta como orientado a pagar deuda que puede o pudiera considerarse ilegitima. Hay que dejar bien claro, que de los cuatro mil y pico millones del DNU, 2592 (si la memoria no me falla, pero seguro mas de 2500 millones) son para pagar bonos BODEN 2012. Y si recordamos, esos bonos fueron emitidos pod duhalde (con apoyo de prat gay, por ejemplo) para compensar a los ahorristas a los que De la rua (con apoyo de Bullrich, por ejemplo) nos robo los ahorros, vemos que no hay forma de asociarla con ningun tipo de deuda ilegitima de la dictadura. Fue todo deuda nueva, para compensar por el robo de ahorros. Yo, mi vieja, mis abuelos, por ejemplo, fuimos damnificados por el corralito y tenemos esos bonos. A gente como nosotros es a los que la presidenta quiere honrar cubrindo sus deudas, y a gente como nosotros es a los que la oposicion, empezando por Psur, nos quiere dejar sin cobrar. Total, ya nos robaron dos veces, nos pueden robar otra,no? daños colaterales...

desvinchado dijo...

no hay excusas para lo que esta pasando, ni el resultado de las elecciones, ni la intransigencia del gobierno, ni realpolitic, ni nada. Si es esto lo que queremos, a llorar a otro lado despues.

musidora dijo...

Grcaias Teodoro por el análisis y gracias ingeniero por postearlo
para meditar

El grito primal dijo...

Puntilloso análisis.
En este juego de desgaste iniciado por "la oposición", la misma tiene mucho más para perder que el gob. nacional. ¿qué plataforma electoral les van a ofrecer a sus votantes en el 2011? , ¿la de la victimización?

A este jueguito de llevarse todo puesto no le doy más de tres meses.


Si los expertos en corralitos (rejunte opositor) quieren ser gobierno, que se lo ganen vía elecciones presidenciales en 2011. Y de paso, que laburen por primera vez en su ... vida.

Mariano T. dijo...

Otro que se caga antes de la purga.
Me gustaría que me den una lista de los proyectos de ley rechazados por el Congreso, o de los cajoneados en las comisiones.
Para estos tipos el poder o es absoluto o no es.
A todos les va a venir bien un baño de humildad y de democracia. Mandársela a chupar a todo el mundo no es la única manera de gobernar.

Anónimo dijo...

No también existen otras maneras de gobernar, a saber :

Reprimir toda protesta social que tenga por objetivo aumento de salarios o una mejor distribución de la riqueza.

Llevar adelante una política exterior de sumisiÓn absoluta resspecto de las potencias actuales (relaciones carnales).

Llevar una política económica que implique ajustes permanentes que siempre pagamos las clases media y baja (y nunca los que la juntan con pala).

Esas formas de gobernar son las que proponen los integrantes de la secta golpista del rejuntado opositor. Y al que tenga alguna duda, que la agarre que está dura.

JP

Anónimo dijo...

Aqui hay 3 posts simultáneos. EL análisis de la actualidad política, la cuestión de la deuda y la descripción de la sociedad argentina. Muy bueno.Felicitaciones inge por subirlo. Y si lo relacionamos con los dos post anteriores de don Teodoro, no podemos ser muy optimistas.
Pampeano

James Rodriguez dijo...

Coincido con Mariano T.
La rutina de emular a Maradroga no sirve, genera más crispación (mucho más tratándose de un tipo que ni siquiera saber ubicar a Messi en la cancha...)

Ingeniero: empiezar a manejar el adelantamiento de las elecciones como estrategia de salida? o es sólo humo?

desvinchado dijo...

Mariano ahora los votos los tienen ustedes macho, demuestren.

Mariano T. dijo...

Manden un proyecto. Ahi se va a demostrar. Sino parece un capricho de una princesa real.

Anónimo dijo...

brillante.
gracias por subirlo inge
pedro p

Anónimo dijo...

Ah,, serí muy bueno para responder a las criticas de PS, ver el blog de diego F.
A estas alturas es dificil convencer a alguien. lo malo de la crispacion, pero vienen muy bien

Néstor Dulce dijo...

Después de leer este informe tan largo y profundo, me duele la cabeza Habría que tomarse un recreo y leer algo más ligh, pero no por eso menos profundo. Necesitamos que también la gente con pocos conocimientos o estudios, sepa de que lado de la vereda hay que ponerse. OJo! El documento está barbaro.
Modestamente yo colaboro con la causa nacional y popular con el blog políticohumorístico:
www.kikitodulce.blogspot.com

Caíto dijo...

Excelente el análisis, para reflexionar y repensar en tantas cosas...cómo las del frutero Mariano Tomate,verdulero!!!!
Saludos.
P.D Mientras tipos así sigan opinando de cosas de las que no tiene la menor idea, seguiremos siendo, irremediablemente un país bananero.

Andrés dijo...

Muy bueno inge, gracias.

Mariano T,

No es necesario que el PEN mande un proyecto.

La UCR o el PJ antiK pueden acercar uno y consensuarlo con el gobierno y el resto de al oposición. Ganarían mucha credibilidad ante la sociedad y dejarían al gobierno en offside con la confrontación.

No lo hacen porque no pueden ponerse de acuerdo.

Espero ver cómo se resuelve el tema de la investigación de la legitimidad de la deuda, a ver si Pinedo y De Narvaez acompañan a Solanas.

Saludos,

Andrés

Javier dijo...

Andrés,

apoyo a Mariano en esta, creo que Cristina hizo la del tero, salio gritando antes que llegaran al nido.

Habia de hecho un sector no despreciable del grupo A dispuesto a consensuar una ley por lo de las reservas, que muy probablemente no hubiera sido del gusto completo de Cristina y Nestor, pero que hubiera salido de un consenso. Pero no, tuvieron que demostrar por un lado que la tienen mas larga, y por el otro desautorizaron a aquellos conciliadores en ambos lados.

Creo que tienen que bajar un cambio todos, barajar de nuevo, y empezar a mandar proyectos (el PEN) y a presentar proyectos (la oposición)

Sino le dan carne a los fundamentalistas... Carrio y Kunkel.

Andrés dijo...

Javier,

Si el PEN presenta un proyecto tan crítico como el pago de la deuda en tiempos de reapertura del canje y no se lo aprueban, qué alternativas tiene?

Si a su vez la oposición se pone de acuerdo en coparticipar la totalidad del impuesto al cheque, se logra un gran desfinanciamiento del estado nacional, desfinanciamiento por el cual la oposición no tendrá que dar la cara como gestionario.

A eso se le suma la imperiosa necesidad de la oposición de mostrar que neutralizan las movidas del PEN, con el objetivo de lograr una impasse que perjudique las chances oficialistas en 2011.

Ante ese marco, al gobierno no le queda otra que salvar la mayor cantidad de vías de financiamiento como sean posibiles, porque a partir de ahora les venderán cara el apoyo a cada iniciativa gubernamental.

Saludos,

Andrés

eapc dijo...

Muy buenos análisis Teodoro.
En la practica creo que hubiera sido mejor publicarlo separado en partes mas coherentes porque aborda muchos temas. Pienso que sería mas inteligible, pero la corrección y calidad de análisis está.
Precisaría dos cosas : 1) Alfonsín exploró contestar la deuda. Conversó con Brasil y Mexico por el '85 para formar una suerte de Cartel de Países Deudores y negociar con los acreedores en mejor posición.
El FMI hizo un contra fuego ofreciendo financiación "generosa" a Mexico quien aceptó (y aceptó poner su economía bajo control directo del FMI). Allí se acabó la ilusión del Cartel y Alfonsín siguió, aceptando de hecho todas las condicionalidades económicas y militares que ya sabemos.
2) Se habla de separar la deuda legítima de la ilegitima, pero el problema es que se llegaría a una situación en que le vas a reclamar AL MISMO ENTE : “esto te lo pago, esto no”. Porque seguramente los tenedores de deuda son en mucho casos entidades que poseen ambas.
No creo que acepten soluciones Salomónicas y se dejen "cortar en dos". Lo de la revisión de la deuda de P. Sur, actualmente, es un pretexto para "salvar imagen" votando junto a los otros impresentables "pero diferente". Resultado, el DNU sera rechazado, pero el análisis de la deuda y el fondo de desarrollo no saldrá nunca.

Un saludo,
Eduardo.

Leandro dijo...

Mariano T: por que no toman la posta, ya que tienen control de las dos camaras, y el proyecto para pagar la deuda lo presentan ustedes? a que le tienen miedo, que siguen aferrados a la pollera de mama cristina, siempre corriendola por atras? presente la oposicion su proyecto, consensuenlo y listo! o acaso la funcion del poder legislativo es quedarse estatico esperando que el gobierno les mande algo para poder destruirlo?

NO TIENEN PROYECTO. Bah, tienen varios. Estal os defaulteadores, estan los ajustadores y estan los FMI-succionadores, y saben que ninguno va a aceptar el del otro. Por eso lo unico que proponen es "no a lo que diga el ejecutivo"

Javier Vasquez dijo...

Andrés,

si presenta un proyecto y se lo rechazan, tiene el argumento para un DNU ligeramente distinto, basado en una necesidad y urgencia real.

Si por el otro lado, sale la coparticipacion del impuesto al cheque, y es tan dañina como dicen (aunque en realidad el gobierno nacional estaría entonces facultado para reducir las transferencias a los gobiernos provinciales en un monto equivalente) puede siempre vetarse, salvo que salga nuevamente por 2/3 de los votos, con lo cual no hay discusion alguna.

No toda la oposicion quiere obstaculizar, pero en la vision sesgada del Poder Ejecutivo, si no es amigo (y entiendase por esto esclavo o sometido), es automaticamente enemigo.

Quien lucra acá es Carrio, quien solo tiene que decir "yo les avisé" para quedar automaticamente reivindicada.

El vender caro el apoyo, es natural en un gobierno con minoría en las cámaras, y es en este caso donde se ve la capacidad del gobierno para consensuar.

Saludos
Javier

Mariano T. dijo...

Coparticipar el impuesto al cheque no tiene ningun efecto económico, porque la recaudación es la misma, el gasto también, y ni siquiera cambia mucho donde y en euqe se gasta.
Solo tiene consecuencias políticas, y muy buenas.
Se puede transar fácilmente con el proyecto del PE sobre las reservas.
Creo que una vez que se voltee el DNU y la justicia trabe su aplicación va a ser la mejor opción.

Leandro dijo...

Animate tractorcito, responde, por que la oposicion no presenta su proyecto para hacer frente a los vencimientos de deuda de este año? Nunca van a largar la teta de mama cristina? querian poder para quedarse esperando a ver que hace el ejecutivo? contesta....

Mariano T. dijo...

La oposición puede tener n planes al respecto si hay n bloques.
Van a coincidir en temas graves como defender la Cosntitución, la denmocracia, las atribuciones del poder legislativo, el poder judicial, los derechos humanos, etc.
En cambio con un tema no tan importante como éste, no tiene porque haber una sola posición. Incluso para mi es legítimo voltear el DNU, y después votar un proyecto idéntico.

rinconete dijo...

Mariano T

Los oficialismos legislativos suelen votar las leyes del oficialismo ejecutivo. De ahi la coincidencia de adjetivos. Es irrelevante hablar de una supuesta adicción al poder absoluto. O en todo caso es la misma que tienen otros jefes de gobierno como Sarkosy, Obama o Macri (Horacito pide para el Jefe de Gobierno de la CABA lo que sus legisladores nacionales tratan de impedirle al gobierno nacional).

La oposición se ha relegitimado después de la debacle del 2001 gracias, entre otras cosas, al antikirchnerismo. Es normal que le peguen a oficialismo ante cada propuesta ya que no solo ganan cuando pegan sino que pierden minutos TN cuando apoyan.

No veo nada anormal en esa elección pero no tiene mucho que ver con la república o el estilo de la presidenta.

Cuando los radicales se oponen al fin de las AFJP que siempre criticaron o defenestran una ley de medios que reproduce lo mismo que intentaron hacer sin éxito Alfonsín y De la Rúa, cuando Carrió critica la asignación por hijo que retoma gran parte de su propio proyecto o cuando los socialistas ayudan a torpedear a Marcó del Pont que está a favor de lo mismo que ellos preconizan (y que ya lo estaba en los ´90 cuando Kirchner aprobaba las políticas de Menem) eso poco tiene que ver con la defensa de las formas republicanas o con un proyecto político. Es solo reconstruir legitimidad a través del antiK.

No veo nada de malo en eso, pero insisto, no tiene nada que ver con frenar una supuesta hegemonía K o con la defensa estricta de las instituciones.

A nadie le importan las instituciones, ni a Gil Lapiedra que nada hizo por las coimas en el senado ni a Menem, ni a Pampurro.

Es por eso que lo único que realmente los diferencia es el proyecto político que apoyan.

Rafa dijo...

Néstor, una pregunta: los compañeros de la centroizquierda opositora, no saben que el fallo del juez Ballesteros en la causa sobre la deuda externa iniciada por Alejandro Olmos, duerme desde el 2000 en un cajón perdido del Congreso?

Un abrazo.