
Por segunda vez en poco tiempo, Eduardo Duhalde aparece en la serie de reportajes de La Nación de casa al Bicentenario y allí levanta la apuesta y trata al gobierno de incapaz y cual Lugones en el 30 cuando pregonaba "la hora de la espada" dice que "ha llegado el momento de pensar en grande". Pegamos la ventanita de video (no clickeen sobre la flecha que no funciona) para aprovechar ese gesto que es bastante elocuente. La tribuna de doctrina en un momento en donde se discute el poder va a buscar a quien se cree tiene el know how para asediar a un Gobierno que no solo resiste sino también, y esto es más importante aún, da pelea.
Leamos el copete:
"Dos obsesiones dominan por estos días a Eduardo Duhalde: ver derrotado a su peor enemigo, Néstor Kirchner, y realizar un acuerdo de políticas de Estado estratégicas que incluya al radicalismo, la Iglesia, el campo, los trabajadores y los medios de comunicación para formar un gobierno patriótico de unidad nacional. "
El corporativismo duhaldista de siempre. Y lo propone ahora mismo.
Para Tachuela el signo de la época es "la degradación", él lo explica:
- Tiene que ver con una profundísima crisis de valores y de no haberse dado cuenta el Gobierno, los gobiernos, que ya en 1984 había que tomar enérgicas medidas de recuperación ética de la sociedad y del Estado. La Argentina vive una profundísima crisis de valores como telón de fondo de su degradación.
Lo único que falta, Duhalde es la reserva moral de la Patria.
- ¿Es posible reeditar en la Argentina un pacto entre distintas fuerzas políticas como sucedió en España?
- Es un desafío para la dirigencia. He hablado con dirigentes de todas las fuerzas políticas que ven la necesidad de hacerlo, pero tenemos como inconveniente al Gobierno que le huye a todo lo que tiene que ver con consenso y con diálogo. La Argentina sale de la crisis más profunda de su historia en 2001 precisamente por el diálogo y los consensos. Necesitamos un gobierno patriótico de salvación nacional, de unidad nacional, lo que no significa un gobierno donde se mezclen dirigentes de distintos partidos políticos. El país no entiende, nadie puede entender sensatamente por qué ante esta ola de criminalidad de chicos de 12, 13, 14 o 15 años matando o siendo muertos por cometer delitos no se hace inmediatamente un censo o se crean los establecimientos que hagan falta para reeducarlos. Acá todos hablan y la situación se pone cada vez peor.
En el diagnóstico está la solución. Duhalde apuesta a la pérdida de gobernabilidad y se propone como garante para recuperarla. Un hombre que sabe que jamás será votado como presidente le pone la ficha al escenario que históricamente le fue más favorable: el derrumbe de un gobierno democrático antes de tiempo.
- ¿Qué evaluación hace de la dirigencia actual?
- Los grandes liderazgos no existen. Tal vez sea una ventaja, como en esos equipos de fútbol donde no existe la gran estrella entonces todos tienen que pelear juntos. Este liderazgo en base a la extorsión de Kirchner, ya cae; el de Menem, que fue un liderazgo carismático, pero muy fuerte, o el liderazgo democrático de Alfonsín, también con rasgos hegemónicos, eran muy fuertes y los que se sienten fuertes no sienten necesidad de convocar al conjunto. Ahora, al no existir ese tipo de liderazgo, yo creo que el campo está más fértil para lograr esos acuerdos. Pero desde ya no hay que perder tiempo con este Gobierno, porque algunos amigos de otros partidos piensan que el Gobierno puede entrar en un proceso de acuerdo de políticas de Estado, pero es imposible.
Nos recuerda a los que colaboraban con las dictaduras y se justificaban que lo hacían "porque no se podía perder tiempo". Duhalde es un compendio de lugares comunes, un deja vu asfixiante y algunos creen , sobre todo él mismo, que le da pátina de estadista.
Seguimos.
¿El Gobierno crispa?
- Claro, porque no hay criterio lógico. Cuando una sociedad vivió dificultades tan dramáticas como las que vivió la Argentina lo que necesita es apaciguar los ánimos, escuchar a todos, generar un clima de convivencia democrática, todo lo contrario a lo que hace el Gobierno. Cada vez que se va a iniciar una acción denuncian un complot, todo es desestabilizante, una estupidez total de gente incapaz. Hoy el mundo no permite aventuras golpistas.
Este párrafo es necesario. No sería un golpe militar sino una crisis de gobernabilidad.
¿Alguna vez se cansó de la política y pensó en alejarse de todo esto?
- Sí, muchas veces, pero no me quiero ir de este mundo viendo que el país que tiene más posibilidades del continente de resurgir, esté como estamos. Somos el país más fácil de gobernar de América del Sur. Voy a hacer todos los esfuerzos para constituir un gobierno patriótico de unidad nacional.
Los que lo conocen dicen que suele repetir que querría morirse como Alfonsín, respetado por todos y considerado el fundador de la democracia. En su caso sería el del fundador de una estabilidad democrática basada en el "consenso" de las "3 o 4 cosas en que todos estamos de acuerdo" (que no hay que tocar), de un sistema político conservador que se impone a fuerza de hacer inviable cualquier otro que altere como se reparten las cartas en la Argentina.
Esa es la misión de Duhalde.


















