A una semana de los comicios del domingo pasado aún es temprano para imaginarse un escenario "
post hegemonìa" kirchnerista pues todos los jugadores, incluido el gobierno, han hecho pocas movidas que revelen su juego. Se ha pateado el tablero en una forma que aún no se puede cuantificar y es necesario armarlo de nuevo colocando las fichas en sus nuevos lugares.
Estan los que primerearon con precandidaturas presidenciales como
Mario Das Neves con un pésimo gusto (para decir lo menos) para anunciarla con carteles la misma madrugada del
29, las declaraciones de un
estadista como
Cleto Cobos pidiendo cambios en el sentido de "
entender el mensaje de las urnas", el
Lole Reutemann de perdonavidas del gobierno nacional y las corporaciones como la
UIA y
"el campo" negociando su pliego de condiciones para el nuevo
diálogo y consenso que se viene.
Quien primero movió fue
Néstor Kirchner renunciando a la conducción nacional del
PJ delegando la ingrata tarea de "
pasear el auto chocado" a
Daniel Scioli quien con mayor o menor suerte convocó a conversar a gobernas vencedores y al
Lole para encarar una imprescindible reorganización partidaria que incluirá una discusión del poder institucional con los vencedores del domingo. Sin embargo, no es menor tampoco la necesaria concentración en la tarea de gestión por lo que sería deseable que la responsabilidad de la reorganización recayera en alguien sin funciones ejecutivas, alguien que no se exponga diréctamente a las tensiones de una interna que resienta su imagen ante los ojos del pueblo que debe conducir.
La aparición de
Cristina el dia después de las elecciones fue buena en el sentido de presentarse entera luego del traspié electoral aunque para muchos su explicación matemática no conforma y faltaron palabras que dieran cuenta de la derrota sufrida. Esto no viene solo de aquellos a los que les gustaría una inmolación ante las cámaras sino también de aquellos que apoyan al gobierno y esperan, quizás con demasiada impaciencia pero con buena leche, que se marque un rumbo desde el poder institucional ante el nuevo escenario.
Se impone un cambio de gabinete y eso tendrá que ser fruto de un meditado análisis sin apresurarse y tratando de configurar un marco de gobernabilidad, que seguramente incluya una "
federalización del gabinete nacional".
La impensada por muchos reaparición de
Néstor Kirchner en el plenario de
Carta Abierta en
Parque Lezama de ayer fue una oportunidad para mostrarse entero luego del "
infortunio" del domingo pasado. Allí eligió su contrincante interno en el peronismo:
Carlos Reutemann, descargando frases como "
Ya lo veremos a él disputando por las ideas del país que quiere, si es que tiene alguna idea".
Es también una forma de intentar ponerle un dique a la avanzada de derecha posmo que pretende discutir el poder y ser el candidato peronista del
2011. En público y en privado muchos dirigentes peronistas dicen que hasta el
Lole van pero que con
Mauri no y que es necesario poner ese límite.
Muchos relacionan lo ocurrido el domingo pasado al
9 de septiembre de 1987 en donde
Raúl Alfonsín perdió categóricamente frente al peronismo y fue el comienzo del fin de la hegemonía alfonsinista. La historia no se repite nunca y en esa oportunidad un gobierno de signo "
progresista" perdía ante un
peronismo socialdemócrata que había aprendido de las formas alfonsinistas y que al mismo tiempo levantaba sus banderas históricas. Hoy el peronismo pierde las elecciones frente a una oposición, integrada fudamentalmente también por algunos sectores peronistas que quieren discutir el poder interno e institucional, que hizo palanca con los reclamos corporativos de las patronales del campo y quienes la votaron facturan al gobierno su déficit en resolver el conflicto en tiempo y forma.
Existen conversaciones entre la oposición vencedora acerca de un programa mínimo común que tenga en cuenta temas institucionales como "
los superpoderes" y "el
Consejo de la Magistratura", eternos caballitos de batalla de la oposición, así como también la concesión a las patronales agrarias e industriales de beneficios impositivos y arancelarios con su necesario
ajuste ante el desfinanciamiento del
Estado Nacional implícito.
El desafío para todos luego del 28 de junio es enorme. La mayor responsabilidad como siempre recae en el
Gobierno aunque este voto de confianza a quienes se proponen como abanderados del "diálogo y el consenso" los obliga a jugar en las reglas del sistema democrático, ya sin tanto bochinche y teniendo que hacerse cargo de algo más concreto que slogans vacios en spots televisivos mostrando su juego en la pelea de intereses que se viene.